MÉXICO, D.F.— Al volver la vista al umbral de la puerta principal de su casa, Octavio se topó con cuatro desconocidos cortando cartucho de armas largas: "¡Callate, cabrón!, ¡tírate al piso, cabrón!", "¡te vamos a llevar…!", dijeron frente a los niños de quien en ese momento era víctima de uno de los más de 10 secuestros al día en México.
Su caso, entre otros, sostiene la estadística de los plagios no denunciados, pero contabilizados en el más reciente estudio de la Cámara de Diputados, titulado Secuestro: impacto social y características del delito, en el que documenta que por cada uno de estos delitos denunciados hay tres que se desconocen.
Es decir, que los 1,028 secuestros revelados al ministerio público en 2009, en los hechos son alrededor de 4,150 casos anuales; en promedio 11.3 diarios.
Cálculos más pesimistas, basados en encuestas de victimización del Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad (ICESI), afirman que por cada plagio denunciado en 2007 se cometieron otros 16 más; lo cual significa 17,476 secuestros al año, 47 al día.
Octavio viajó a ciegas y a punta de pistola durante 40 minutos desde la comunidad donde vivía en el estado de Guerrero (sur) a un desolado bosque, donde fue amarrado de las muñecas y el cuello a un árbol mientras los bandidos pedían a la familia 100,000 dólares por la liberación.
El pequeño pueblo de la víctima, en el norte guerrerense, no tenía experiencias previas sobre plagios hasta ese verano de 2009 — días después ocurrieron dos más—, por lo que vivió el plagio con zozobra comunal, pues desde meses anteriores se habían notado situaciones atípicas en las calles.
Camionetas con vidrios polarizados, desconocidos en merenderos, ex reclusos y malandrines locales armados…
En el resto del país, la situación no pintaba mejor, señala la investigación del legislativo: en 2009 se presentaron poco más del triple de las presentadas cuatro años antes, al pasar de 325 a 1,028.
En el período enero de 2007 a junio de 2010, siete de cada diez secuestros denunciados se concentraron en ocho de los 32 estados del país: Estado de México, Distrito Federal y Guanajuato, con los índices económicos más altos; Chihuahua, Baja California y Tamaulipas, con fuerte presencia del crimen organizado; y Michoacán y Guerrero, penetrados por el narcotráfico y con rezago social histórico.
La aldea de Octavio resume el nuevo perfil de zonas de secuestro: una ruta del traslado de droga en el que se encuentran inmiscuidos sicarios y ex policías, según reportes del Ejército, que desmanteló la casa se seguridad donde estuvo recluido el muchacho durante 24 horas, pues la familia ofreció al momento lo que podía dar: unos 25,000 dólares.
"Querían un millón de pesos (920,000 dólares), pero aceptaron inmediatamente", cuenta Octavio
Según Max Morales, abogado y especialista en liberación de rehenes, la presencia de agentes de seguridad —incluidos ex militares— en bandas de secuestradores se intensificó a partir de la guerra frontal contra la delincuencia organizada.
"Al dejar los líderes las plazas a sicarios y policías corrompidos, ambos grupos se especializaron también en el plagio porque no les importaba llamar la atención en las plazas", dijo.
Morales negoció en los años 90 los pagos que por rescate exigía el secuestrador más sanguinario del país: Daniel Arizmendi, "El Mochaorejas".
"En ese entonces apoyé 25 casos; pero ha crecido tanto el problema, que hoy recibo hasta cuatro peticiones de ayuda al día", explicó.
Se trata de dinero rápido, sin trabajo diario y bajo riesgo ante la falta de denuncia e impunidad: de los casos denunciados sólo el 60% llega a juicio, y las detenciones son pocas en relación con el número de secuestros.
Entre diciembre de 2006 y julio de 2009 fueron desarticuladas 90 bandas y fueron detenidas 685 personas, pero el acceso a las armas así como la falta de salarios dignos para los jóvenes (la mayoría de los secuestradores tienen entre 22 y 35 años de edad) impiden el combate eficaz.
"Si tengo un arma y un estatus con dinero, el chico dice por qué yo no le voy a quitar al otro si el otro tiene dinero", resume Anabel Pagaza, presidenta del Consejo Mexicano de Psicoanálisis, quien se ha especializado en criminalística. "Los antivalores son los valores de muchos jóvenes de hoy".