La cantidad de multas va en aumento. Los conductores se incomodan.
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Como José Salas no es dueño de casa, se siente contento de no ser uno de los miles de residentes de Bell que pagan uno de los impuestos a la propiedad más altos del condado.

Sin embargo, como no tiene licencia de conducir se siente frustrado de saber que es uno de los cientos de inmigrantes que han aportado más de medio millón de dólares de ganancia a la ciudad, sólo en concepto de "liberaciones" para recuperar los vehículos.

Por si eso fuera poco, asegura que también ha colaborado con los 1.5 millones de dólares que la ciudad ganó en 2009 por pago de multas de estacionamiento y violaciones al código vehicular, al dejar su carro estacionado en zonas restringidas.

"Es un robo el que están haciendo estos desgraciados malditos", expresó indignado al saber el monto que la ciudad obtuvo por "liberación de vehículos a conductores sin licencia": un total de 574,327 dólares.

"Osea que de ahí salió para pagar esos ‘sueldazos’ que se recetaron esos ladrones", agregó.

En una revisión a los registros públicos de la ciudad de Bell, La Opinión pudo constatar que las ganancias de Bell sobrepasan los dos millones de dólares, ya sea por penalidades, multas o incluso cargos por uso de grúa y almacenamiento vehicular.

Este ingreso no incluye el 10% de ganancias que la Compañía de Grúas de Bell obtiene de los conductores de vehículos incautados.

Esto contrasta con la acusación que hizo la Asociación de Policías de Bell el 20 de julio,de que el jefe de policía Randy Adams impuso una política de confiscación de automóviles, la cual obliga a los agentes a detener a la mayor cantidad de personas posibles, a fin de generar fondos para la ciudad.