El hijo menor de la pareja, Juan Lázaro Jr., de 17 años, se está quedado con una amiga de la familia.

El mismo domingo el vecindario estaba tranquilo y el hogar de Peláez se mostraba bastante normal: una casa de ladrillo de dos pisos rodeada de árboles, con las cortinas cerradas. Los dos autos de la pareja estaban estacionados afuera y sus perros, dos Schnauzers, ladraban en el jardín.

En el auto de Peláez, un nuevo VW Bug negro, había una rosa roja de tela y una tarjeta con una oración colgada del espejo. En el auto de Lázaro, un jeep Mitsubishi Montero 1991, se alcanzaba ver la misma oración colgada del espejo, y un pedazo de torta permanecía en un plato entre los asientos. Atrás, en el maletero del jeep, había una sombrilla y un mapa de Westchester.

A pesar de las apariencias, una vecina que estaba caminando con su mascota aseguró que la normalidad se había desvanecido en este suburbio, que es predominantemente judío. “Ha sido una locura por aquí”, aseguró la mujer, quien no quiso dar su nombre. “Esto fue inesperado. Ha sido difícil para este vecindario en todos los sentidos”, relató. No quiso decir si conocía a Peláez.

“Esta es una zona pacífica, nadie conoce a nadie. Yo me siento como una persona americana común y corriente”, anotó otro vecino, Vitali Alaverdian, un doctor jubilado natural de Rusia. “Ni lo puedo pensar. Tal vez sea cierto, tal vez no. Si es cierto, sí, es un shock”, señaló en cuanto las alegaciones y luego salió a trabajar en su jardín.

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