Yonkers, Nueva York — Mientras la mayoría celebraba un fin de semana de verano con playa y fuegos artificiales por el día de la Independencia, la familia de Vicky Peláez, periodista acusada de trabajar como agente para el gobierno ruso, parecía prepararse para recibir a su madre, ya que Peláez posiblemente saldrá en libertad bajo fianza y arresto domiciliario hoy.
Peláez fue detenida por el Buró Federal de Investigaciones (FBI) junto con su marido, Juan Lázaro, el domingo 27 de junio, como parte de una operación que reveló la supuesta existencia de una red de agentes rusos viviendo bajo identidades falsas en múltiples estados del país. En total once personas fueron detenidas por las autoridades.
Peláez y Lázaro enfrentan cargos por no registrarse para trabajar como agentes de un gobierno extranjero y por lavado de dinero. El jueves pasado, la fiscalía reveló que al ser detenido, Lázaro admitió que su nombre era falso y declaró su lealtad a Rusia.
El mismo día, el juez federal Ronald Ellis fijó la fianza de Peláez en $250.000 dólares, o un bono de $10.000 dólares.
El domingo 4 de julio, el hijo mayor de la pareja, Waldo Mariscal, indicó que la familia probablemente tendrá suficiente para pagar el bono, pero que tendrán que recaudar fondos del público para pagar los costos de los abogados. “Cualquiera que quiera contribuir al fondo…No somos gente rica, somos gente de clase media”, le dijo Mariscal a los reporteros apostados en el lugar.
Mariscal se fue de compras y regresó a la casa en la 17 de la Avenida Clifton a las 5:30 p.m. cargado de bolsas. Si bien se mostró enojado con los reporteros, dijo que estaba “más o menos”. Mariscal denunció la cobertura del caso en este rotativo, ya que él mantiene la inocencia de su madre y padrastro y ha dicho que las declaraciones de su padrastro fueron extraídas bajo presión.
El hijo menor de la pareja, Juan Lázaro Jr., de 17 años, se está quedado con una amiga de la familia.
El mismo domingo el vecindario estaba tranquilo y el hogar de Peláez se mostraba bastante normal: una casa de ladrillo de dos pisos rodeada de árboles, con las cortinas cerradas. Los dos autos de la pareja estaban estacionados afuera y sus perros, dos Schnauzers, ladraban en el jardín.
En el auto de Peláez, un nuevo VW Bug negro, había una rosa roja de tela y una tarjeta con una oración colgada del espejo. En el auto de Lázaro, un jeep Mitsubishi Montero 1991, se alcanzaba ver la misma oración colgada del espejo, y un pedazo de torta permanecía en un plato entre los asientos. Atrás, en el maletero del jeep, había una sombrilla y un mapa de Westchester.
A pesar de las apariencias, una vecina que estaba caminando con su mascota aseguró que la normalidad se había desvanecido en este suburbio, que es predominantemente judío. “Ha sido una locura por aquí”, aseguró la mujer, quien no quiso dar su nombre. “Esto fue inesperado. Ha sido difícil para este vecindario en todos los sentidos”, relató. No quiso decir si conocía a Peláez.
“Esta es una zona pacífica, nadie conoce a nadie. Yo me siento como una persona americana común y corriente”, anotó otro vecino, Vitali Alaverdian, un doctor jubilado natural de Rusia. “Ni lo puedo pensar. Tal vez sea cierto, tal vez no. Si es cierto, sí, es un shock”, señaló en cuanto las alegaciones y luego salió a trabajar en su jardín.
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