Después de 30 años como prisionero político, esta mañana salió de la prisión federal de Pekin, Illinois, el puertorriqueño Carlos Alberto Torres, a quien le otorgaron la libertad bajo palabra como consecuencia de una intensa campaña de grupos pro-derechos humanos.
"Cuando salí de la cárcel estaba mi familia en el parqueo. Vino una ‘guagüita’ llena de sobrinos y sobrinas, mis hermanas, mi abogada, cuñados, y antes de verlos ya los podía oír gritando de alegría", dijo Torres en entrevista telefónica con La Raza.
El activista, de 57 años, fue traído en una caravana desde la localidad Pekin –en el sur de Illinois- hasta Chicago, donde habrá una celebración comunitaria en el barrio puertorriqueño de Humboldt Park. Mañana saldrá rumbo a Puerto Rico, donde el Comité Pro Derechos Humanos de Puerto Rico ha convocado a acto oficial en su honor, en San Juan.
Torres, quien nació en Ponce, llegó de joven a Chicago, con su familia y estudió en la Universidad de Illinois en Carbondale y en Chicago, donde trabajó como activista comunitario. En abril de 1980 fue arrestado junto con otras 10 personas y acusado de pertenecer a las FALN (Fuerzas Armadas de Liberación Nacional), y de conspirar contra el gobierno estadounidense.
Primero estuvo recluido en las prisiones de Stateville, Menard y Pontiac, Illinois. En 1984 fue transferido a Talladega Alabama; posteriormente a Oxford, Wisconsin; y los dos últimos años los pasó n Pekin, Illinois.
A lo largo de esos 30 años Torres enseñó alfabetización en inglés y español, obtuvo un certificado de un colegio comunitario y aprendió pintura y alfarería. Sobre el taller de alfarería comentó:
"Me integré para aprender algo nuevo, principalmente tener un ‘hobby’; pero se convirtió en más que un ‘hobby’ para mí. De hecho, es a lo que me quiero dedicar ahora en Puerto Rico cuando me vaya a vivir. Crear mi propio taller de cerámica", refirió.
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