Última de tres partes
TIJUANA, México.— El hombre de bigote ancho y abdomen pronunciado que no llega a los 40 de edad dice ser narcotraficante. Lo acepta con todo descaro. "Del meritito Sinaloa, compa", lo reafirma. Es el contacto en esta ciudad fronteriza para el envío de marihuana de Mazatlán a Los Ángeles y está dispuesto a hablar, bajo ciertas condiciones, del turbio negocio de las drogas.
La conexión con "Pablo", como pide ser identificado, es a través de una mujer que estuvo casada con un narco de mediano nivel.
"¿Sabes dónde queda El Florido? Vete acercando por ahí", dice la femenina voz a través del Nextel. Minutos más tarde cambia el lugar para la entrevista: "Nos vemos en la Macroplaza".
Una corta espera y de nuevo el aparato de radiocomunicación da instrucciones: "Acércate hacia Caliente y quédate afuera".
De un vehículo sedán nada lujoso, más bien discreto, se bajan tres mujeres, dos de ellas adolescentes, la mayor saluda y se va acompañada de otro joven. En el volante se queda solo "Pablo".
"Ahorita vengo por ustedes, súbete", le dice al reportero.
Mientras da vueltas por el estacionamiento del centro comercial, es precavido y se fija en todo, pero el Nextel no deja de timbrar, y contesta para dar instrucciones hablando en claves sobre un cargamento, luego encuentra un lugar para detenerse y platicar.
"Ya me contó esta plebe que quieres saber todo el pedo pa’ Los Ángeles, pero nomás no vayas a ponerme ahí, jijo de la chingada", expresa con ese pintoresco acento sinaloense.
"Pablo" dice ser el administrador de una compañía exportadora, que es la fachada para el cruce de la marihuana, la cual es escondida en vehículos.
"El clavo [lugar donde la esconden en el vehículo] está bien perrón, compa, porque en las morenitas [llantas], en el tanque de la gasolina y en los lados ya está muy quemado", presume.
Cada mes, dice, llega a cruzar de 400 a 500 kilos.
"Yo tengo mi oficina [almacén para la droga] en Compton, ahí llegan los compradores, bien trajeados y con sus maletines... ahí les muestras el catálogo y se hace la machaca [negociación]".
De Compton, dice, la droga se distribuye a diversas partes del país, principalmente a Nueva York, Ohio y Las Vegas.
El Nextel sigue sonando y tiene que atenderlo: "Dile al Pepe que le hable, que son 30".
¿Cómo llega hasta Los Ángeles la marihuana?
"Pues en los carros, yo mando cinco carros, para que vayan punteando y cuidando".
"Pablo" dice que cuentan con un "migra" [agente fronterizo] que les ayuda a pasar ciertos cargamentos bajo la respectiva cuota.
Como grupo independiente tiene que pagar "derecho de piso", el 20% de cada cargamento, al cartel de Tijuana que encabeza Fernando Sánchez Arellano, "El Ingeniero", sobrino y heredero de los hermanos Arellano Félix.
Considera que su empresa es como cualquier otra que exporta productos a Estados Unidos, y que así como las establecidas pagan impuestos al gobierno, él tiene que pagar lo mismo a los jefes de la plaza.
En Mazatlán, cuenta, hay un lugar conocido como "Las Carpas", que es el centro de acopio de toda la marihuana que llega de todas las rancherías y de ahí se traslada vía marítima a las costas de Baja California.
"A mí me cuesta mil pesos el kilo de mota, pero ya cuando la pasamos, ya que está en Los Ángeles, la vendo en cuatro veinte, 420 dólares la libra, porque allá ya es en dólares y en libras".
La marihuana mexicana, debido a su costo, es la más vendida en Estados Unidos, y aunque en California ya se cosecha la droga en invernaderos, su mercado es muy limitado por el elevado costo de producción, además de que su calidad obliga a venderse de 3 mil a 6 mil dólares, coinciden "Pablo" y un reporte del National Intelligence Drug Center.
"La Chronic, la Kush, esa mota es buenísima, pero también bien cara, pero no tiene mucho mercado, por lo que cuesta".
¿Y tú a quién le compras?
"Pues a la gente del chaparrito", dice en referencia a Joaquín "El Chapo" Guzmán.
De nuevo empieza a dar instruciones por el auricular y se le hace notar que su radio-teléfono con el que se comunica no tiene la tapadera de la batería.
"Se la quito a propósito... en caso de que haya un pedo, le quito el chip en chinga", explica la estrategia para evitar que le detecten información.
Por ello suele cambiar de teléfono y radio constantemente, para evitar que le intercepten las comunicaciones.
Las cosas parecen no resultar como esperaba tras la última comunicación de su Nextel y dice que se tiene que ir para arreglar ese asunto. Luego llama a quienes había dejado en una parte del centro comercial y les dice que ya se van.
"Ahí nos vemos, compa", se despide. Y al arrancar el carro bromea con una carcajada de por medio: "Me saludos a la raza de Compton... y a los de la DEA".