Estos paquetes de marihuana venían en un vagón de ferrocarril y fueron incautados en Commerce el lunes 12 de julio. EFE
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Última de tres partes

TIJUANA, México.— El hombre de bigote ancho y abdomen pronunciado que no llega a los 40 de edad dice ser narcotraficante. Lo acepta con todo descaro. "Del meritito Sinaloa, compa", lo reafirma. Es el contacto en esta ciudad fronteriza para el envío de marihuana de Mazatlán a Los Ángeles y está dispuesto a hablar, bajo ciertas condiciones, del turbio negocio de las drogas.

La conexión con "Pablo", como pide ser identificado, es a través de una mujer que estuvo casada con un narco de mediano nivel.

"¿Sabes dónde queda El Florido? Vete acercando por ahí", dice la femenina voz a través del Nextel. Minutos más tarde cambia el lugar para la entrevista: "Nos vemos en la Macroplaza".

Una corta espera y de nuevo el aparato de radiocomunicación da instrucciones: "Acércate hacia Caliente y quédate afuera".

De un vehículo sedán nada lujoso, más bien discreto, se bajan tres mujeres, dos de ellas adolescentes, la mayor saluda y se va acompañada de otro joven. En el volante se queda solo "Pablo".

"Ahorita vengo por ustedes, súbete", le dice al reportero.

Mientras da vueltas por el estacionamiento del centro comercial, es precavido y se fija en todo, pero el Nextel no deja de timbrar, y contesta para dar instrucciones hablando en claves sobre un cargamento, luego encuentra un lugar para detenerse y platicar.

"Ya me contó esta plebe que quieres saber todo el pedo pa’ Los Ángeles, pero nomás no vayas a ponerme ahí, jijo de la chingada", expresa con ese pintoresco acento sinaloense.

"Pablo" dice ser el administrador de una compañía exportadora, que es la fachada para el cruce de la marihuana, la cual es escondida en vehículos.