WASHINGTON, D.C.— Mientras desde el Congreso no han surgido avances concretos sobre reforma migratoria, la percepción respecto al nivel de presión que está ejerciendo la Casa Blanca parece estar cambiando.
Después de numerosas críticas en relación a la falta de empuje para una reforma migratoria, sobre todo tras el discurso del presidente Barack Obama sobre el Estado de la Unión, grupos activistas parecen tener nuevas esperanzas en relación a lo que Obama pueda hacer para impulsar el proyecto de ley en el Capitolio.
De hecho, el lunes pasado, Obama tuvo una sesión informativa con el Consejo de Política Doméstica, donde analizó cómo moverse en el área de reforma migratoria.
Este organismo es parte del engranaje interno de la Casa Blanca y tiene reuniones regulares con Obama. Su labor principal es "coordinar el proceso y supervisar la ejecución de la política doméstica, ofrecer consejo al Presidente y representar las prioridades del mandatario al Congreso".
Aunque la Casa Blanca declinó realizar comentarios respecto a la sesión informativa, fuentes vinculadas a inmigración dijeron a La Opinión, que Obama habría dicho que "él realmente quiere mover la legislación" y luego preguntó por la forma más efectiva para hacerlo en el contexto político actual.
La Administración no confirmó este comentario y se limitó a señalar que "el compromiso del Presidente para arreglar nuestro sistema roto de inmigración sigue siendo inquebrantable, y mantiene la esperanza de un liderazgo bipartidista sobre la legislación".
"El mandatario cree que debemos resolver la situación de los 12 millones de personas que están aquí ilegalmente, que deben registrarse, pagar una multa por violar la ley y cumplir con otras obligaciones de los inmigrantes legales, tales como pago de impuestos, o de lo contrario, abandonar el país", dijo Luis Miranda, vocero de la Administración.
Hasta el momento la estrategia de la Casa Blanca sobre inmigración ha seguido la misma línea que se tomó con energía o salud,- en un principio- es decir empujar al Congreso a concretar un proyecto y encontrar los votos, con su respaldo.
Sin embargo ahora, existe la impresión de que Obama ha aumentado el apremio en esta área y está buscando "alternativas para impactar el proceso de negociación en el Capitolio", de acuerdo a fuentes cercanas al tema.
El presidente del Subcomité de Inmigración del Senado, Chuck Schumer (D-NY) lleva más de un año negociando un proyecto de ley en el Senado, junto al republicano Lindsey Graham (R-SC).
Ayer se especuló sobre una reunión programada entre el Presidente Obama y Schumer, como un encuentro pedido por para hablar sobre inmigración. No obstante, la Casa Blanca confirmó que la reunión trataría otro tema, sin embargo, no se descarta que esto ocurra en un futuro cercano, tanto con Schumer, como Graham, por separado.
Por otra parte, ayer el Presidente se reunió con diversos congresistas para hablar sobre la legislación de salud. En el encuentro legisladores hispanos como la congresista Lucille Roybal-Allard (D-CA) le plantearon que una de sus preocupaciones principales era justamente, los sistemas de verificación que se requerirán para comprar seguro médico.
"Espero que durante las próximas semanas tengamos una reunión con el Presidente para que nos cuente qué está planeando con inmigración. Es esencial que veamos este punto antes de la votación de la reforma sanitaria, ya que nuestra posición por ahora, es que si se mantienen las provisiones de verificación no podremos apoyar el proyecto de ley", dijo a La Opinión.
La semana pasada Schumer se reunió con el liderazgo del Caucus Hispano, para hablar sobre inmigración. Consultado al respecto, el senador Robert Menéndez (D-NJ) se continúa buscando un esfuerzo bipartidista.
"Hacen falta republicanos que se unan a nosotros. Schumer continúa trabajando con Graham para lograr el apoyo de otros, pero hasta el momento no se ha tenido éxito", dijo.
"Siguen las conversaciones con varios legisladores. En general entre Graham y Schumer existe un gran nivel de acuerdo en cómo proceder, sin embargo quedan puntos pendientes, como el área relacionada a permisos de trabajo y la postura de negocios y sindicatos", explicó.
Mientras tanto, ya faltan sólo 16 días para la marcha del 21 de marzo en Washington, impulsada por Reforma Por América, donde se espera que participen cerca de 100 mil personas. Ahí más que negociaciones y propósitos, los asistentes exigirán resultados.