CIUDAD JUÁREZ, México.— Los poderosos carteles de la droga de México han regentado centros de rehabilitación y han transformado algunos de ellos en mataderos, además de obligar a los drogadictos recuperados a traficar o ejercer las funciones de sicarios.
Por lo menos dos de los seis carteles principales del país han utilizado las clínicas de rehabilitación para beneficio propio, dijeron las autoridades mexicanas a The Associated Press en entrevistas exclusivas. Un grupo abrió incluso sus propios centros, donde "lavaban el cerebro" a los adictos durante la rehabilitación, dándoles un ultimátum en cuanto se desprendían del hábito: o trabajaban para ellos o los asesinarían.
En esta ciudad, al otro lado de la frontera de la población texana de El Paso, Texas, 41 personas han sido asesinadas en matanzas en centros de rehabilitación en el último año y medio; matanzas ocasionadas no solamente por el reclutamiento en esos centros, sino por razones más comunes como no pagar por las drogas o traicionar a un distribuidor.
"Los centros de rehabilitación son una extensión del campo de batalla", dijo Edgardo Buscaglia, un especialista en el mundo de la droga. "No son ya refugios".
El fenómeno resalta el fracaso gubernamental de encarar los males sociales consecuencia del narcotráfico en México, agregó.
En Ciudad Juárez, con 1.3 millones de personas y unos 100,000 drogadictos, muchas de las clínicas carecen de licencia, y son dirigidas por antiguos drogadictos en viviendas dilapidadas, lo que facilita la infiltración de los traficantes.
Víctor Valencia, ex secretario de Seguridad Pública del estado de Chihuahua, que dejó el cargo y podría postularse a la alcaldía de Ciudad Juárez, atribuye los ataques al cartel de Sinaloa.
Indicó a la AP que los miembros del cartel se inscribían en las clínicas sin licencia como pacientes. A la postre controlaban el centro, captando o ahuyentando a los empleados, a los que amenazaban con matarlos.
Los miembros del cartel de Sinaloa buscados por la policía o por la banda rival de Juárez se refugiaban en las clínicas para esconderse, comentó Valencia. El cartel utilizó además esos centros para atraer a los adictos, donde les conminaba a trabajar como narcotraficantes o de lo contrario serían asesinados.
Los adictos recuperados, incluso los procedentes de clínicas que gozaban de licencia, con frecuencia venden golosinas, cigarrillos y goma de mascar en la calles de Juárez para recaudar dinero para los centros de rehabilitación. Los carteles han usado esa oportunidad y usan a los drogadictos para vender narcóticos.
En la costa del Pacífico, en el estado de Michoacán, el cartel La Familia creó y regentó sus propias clínicas en más de seis poblaciones, dijo el secretario de Seguridad Pública de México, Genaro García Luna.
Sus "Albergues gratitud" atraían a los drogadictos mediante programas religiosos, agregó. Una vez que dejaban las drogas, los pacientes recibían un ultimátum: o trabajaban como narcotraficantes o serían asesinados; y muchos fueron asesinados para que no quedara duda alguna de que no eran simples amenazas.
Rafael Cedeño, un notorio reclutador de La Familia detenido en abril, supervisaba las clínicas en las zonas montañosas rurales salpicadas de sembradíos de marihuana, dijo García Luna. En muchos lugares, los Albergues eran la única opción para los adictos.
Los pacientes eran llevados a retiros, donde rezaban y recibían lecciones de moralidad. Sin embargo, a medida que avanzaban en su tratamiento, esos retiros se transformaban en "lavados de cerebro" para futuros contrabandistas.
"Les decían, en nombre de Dios, ‘hay que matarlos’ porque ellos habían incumplido una norma interna del grupo. Entonces los ejecutaban. Entonces no había sentido de culpa, porque les decían que era una acción que implicaba un valor superior haber hecho algo divino cuando estaban ejecutando a un joven por no haber obedecido trasladar droga o porque había robado un monto o un pago de una acción criminal", contó García Luna.
Cedeño entrenó presuntamente a más de 9,000 reclutados para el cartel en 2008, según García Luna, aunque no se sabe cuántos de ellos procedieron de las clínicas.
La Familia prefería reclutar adictos porque era fácil convencerles que debían a la banda sus vidas, afirmó García Luna. Destacó además que el nombre atraía a los que se sentían perdidos en una sociedad que empezaba a encarar el tema de los adictos.