Familiares de algunos de los jóvenes asesinados el domingo en Ciudad Juárez llevaron a cabo los entierros el miércoles. La consternación persiste. EFE
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MÉXICO, D.F.— El caos y la confusión en la fronteriza Ciudad Juárez tras la masacre del pasado fin de semana, donde murieron 16 jóvenes, es de tal nivel que un grupo de policías vestidos de negro pudieron llevarse a cuatro muchachos que fueron testigos de los hechos sin previo aviso ni notificación del destino de éstos.

Los padres pensaron que eran delincuentes que secuestraban a sus chicos de entre 15 y 20 años de edad, pues los agentes del Ministerio Público iban en sendas camionetas sin placas y ni siquiera mostraron identificaciones, sólo ingresaron a las casas y obligaron a los jóvenes a abordar los vehículos.

"Los ‘levantaron’ [raptaron] y ya", lloraba ayer una madre ante las cámaras de televisión para denunciar los hechos que creía parte de las venganzas del comando que asesinó la madrugada del domingo a los estudiantes que celebraban una fiesta particular tras un partido de futbol. "Me voy a volver loca".

Sin embargo, horas más tarde, la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) confirmó que fue su gente quien detuvo a los cuatro muchachos para que presentaran su "declaración" sobre la matanza.

Juan Manuel Alcántar Anguiano, Francisco Javier Perea García, Alejandro López y Juan Carlos Villalobos fueron devueltos a sus casas, igual que como fueron extraídos: sin mayores comentarios.

La policía local atribuye las muertes a la pandilla Los Aztecas, que trabaja para el cártel de Juárez y disputan con la banda Artistas Asesinos (AA) —del cártel de Sinaloa— zonas de control para el narcomenudeo y el trasiego de droga hacia El Paso, Texas.

Jaime Torres, vocero del Operativo Conjunto Chihuahua —donde partición policías estatales, federales y el Ejército— informó que cuentan ya con retratos hablados de seis de los 15 presuntos delincuentes que masacraron a los jóvenes; sin embargo, los familiares desconfían de las autoridades.