Tan cerca de los problemas, tan lejos del estímulo. Así es como se sienten muchos residentes del sur de Los Ángeles, donde se concentra un gran núcleo de las familias de medianos y bajos recursos a las que se supone va primordialmente dirigido el plan de recuperación económica del gobierno.
Residentes como Lilian Marenco que han vivido la evolución de la zona, incluyendo los tiempos de los agitación civil a principios de los 90 señalan que en su barrio los buenos tiempos se notan poco, pero los malos agudizan los problemas crónicos del vecindario.
"Las opciones laborales aquí son recoger basura en las calles para reciclar", dice Marenco, desde la cocina de su casa en la calle Budlong, mientras, efectivamente, por la puerta pasan dos hombres en bicicleta con grandes bolsas llenas de latas.
Taylor White, de 17 años, nos habla de su experiencia en Dorsey High School, una escuela que no aparece en la lista de proyectos educativos beneficiarios del estímulo en el Condado de Los Angeles.
De sus 2,400 estudiantes, más de 1,300 reciben almuerzo gratuito, un indicativo de la proporción de familias de bajos recursos que viven en sus alrededores.
La presencia de armas de fuego y marihuana, dice White, son comunes en esta escuela con más de un 50% de estudiantes afroamericanos y 45% hispanos.
Como muchos otros residentes, se queja de que el sur de Los Ángeles está a las puertas de un cielo que no pueden alcanzar.
"USC está ahí mismo, pero queda fuera de nuestro alcance", dice la joven, señalando que son pocas las familias de su zona que pueden costear dicha universidad, y cada vez menos los que tienen opción a becas, debido a los problemas presupuestarios del estado.
¿Que proporción del estímulo llegara a este barrio? Es imposible decirlo. Por formar parte de la ciudad de Los Ángeles los fondos no tienen atribución por vecindarios. Los detalles escasean.
Según el vicealcalde Diego Alvarez hasta julio de este año la ciudad había recibido 317 millones de dólares. La página de internet que que la ciudad ha creado para garantizar la transparencia de los fondos del estímulo, sólo tiene un mensaje informando que la página "está en construcción".
El desglose de los más de 1,300 millones de dólares en proyectos que según el estado de California han sido asignados al condado de Los Angeles, tampoco es útil a la hora de determinar la distribución geográfica dentro del condado.
Pero la percepción de los residentes es que "los bancos y las corporaciones" tienen la ventaja cuando se trata de atraer fondos del estímulo.
"Aquí el dinero no se ve. Pero si algo llega tenemos que ir a gastarlo a Inglewood o Huntington Park, porque en el barrio no hay dónde", dice María Anguiano, otra residente local. En su vecindario, dice, lo único que abunda son las licorerías y los restaurantes de comida rápida.
Para Jean Ross, directora de California Budgect Project (CBP), el estímulo es como una inyección de emergencia a una economía agonizante. Su papel no es solucionar problemas estructurales, sino evitar el colapso.
Sin embargo, su incapacidad para beneficiar a los más pobres se ilustra con cálculos como los realizados por la organización no lucrativa Propublica, indicando que en estados como California, con una de las peores tasas de desempleo del país, el importe per capita recibido de fondos del estímulo asciende a poco más de 427 dólares. Sin embargo a los cinco estados con tasas de desempleo más bajas (encabezados por Dakota del Norte y Dakota del Sur les corresponde unos 520 dólares por habitante.
A nivel de condados las diferencias del estímulo se acrecientan. Condados como el de Trigo, en Kentucky y el de la Grange en Indiana, comparten altas tasas de desempleo (por encima del 15%), pero mientras que el primero consiguió acaparar 2,419 dólares por habitante, el segundo tuvo que conformarse con sólo 33.
Las diferencias entre vecindarios, sobre todo en grandes ciudades como Los Ángeles, pueden ser también enormes.
Marenco está convencida de que "dinero llama a dinero" y que en las zonas en las que ya existe una infraestructura capaz de crear actividad económica y puestos de trabajo, es más fácil presentar proyectos y conseguir financiación con el estímulo. La residente opina que es a nivel local donde deberían corregirse las desigualdades.
"El problema no es Washington, sino esta ciudad", dice Marenco, convencida de que no hay una voluntad política firme para promover el progreso de los barrios más desfavorecidos de Los Ángeles.