Para Gabby López, lo más difícil comenzó cuando obtuvo un trabajo con seguro médico. Su hijo fue diagnosticado con autismo funcional cuando tenía un añito y ella luchaba por lograr atención para su problema, pero tras lidiar con varias compañías aseguradoras, las cosas no han mejorado.
"Tardaron años en diagnosticarlo pero luego que lo hicieron, no pasó nada, porque ningún HMO acepta la diagnosis de autismo", señala López. "Yo tengo que pagar por las evaluaciones, los medicamentos y todo lo demás. Además, yo tengo seguro por mi trabajo pero necesito un trabajo dental carísimo y mi seguro sólo me cubre una fracción".
López, residente de Downey, es una persona con relativa suerte: tiene seguro médico, a diferencia de otros 50 millones de personas en este país que no tienen ningún tipo de cobertura.
Las carencias del sistema de salud estadounidense son conocidas por muchos: los que no tienen seguro ni siquiera público, los que tienen seguro y no les cubre un tratamiento o los que se quedan sin cobertura tras enfermarse o se les exige el pago de cientos de dólares en primas mensuales.
Aún así, Estados Unidos es el país que más gasta en salud. Según datos proporcionados por Niagara Health Quality Coalition, un grupo proconsumidor de salud en Nueva York, aquí se paga el doble por individuo y a pesar de eso 50 millones de personas no tienen ningún tipo de cobertura.
"¿Por qué nuestro sistema es el peor en calidad y acceso?", dice Bruce Boissonnault, presidente de la Coalición Niagara Health. "Por que nuestro sistema recompensa ganancias sobre calidad. El sistema está estructurado para proteger las ganancias de la compañía de seguros por encima de la salud de las personas".






