Seguidores del presidente depuesto Manuel Zelaya exigen fin al golpe de estado. (FOTO: ap)
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El sacerdote aseguró además que ayer que se había tenido que esconder en una montaña luego que una marcha de 4.000 personas contrarias al gobierno golpista fuera reprimida por el ejercito la madrugada del miércoles. “He tenido que dejar mi casa, ya no podía seguir allí”, aseguró Tamayo, originario de Salama, una pequeña población rural del departamento de Olancho en el este del país. Tamayo agregó que hasta el momento desconoce el paradero de unas 20 personas arrestadas el miércoles.

Tamayo, de 52 años, lidera un movimiento defensa de los bosques dijo, “ya no nos podemos reunir en grupos, no se pueden hacer manifestaciones… si una persona es arrestada con o sin causa puede estar detenida cinco o seis días”.

Tamayo relató que la gente trata de buscar formas alternas para llegar a la capital Tegucigalpa adonde el fin de semana se espera la llegada del presidente depuesto José Manuel “Mel” Zelaya.

“Existe una gran sicosis, hay mucho miedo entre la gente de que el ejército va a entrar en las casas”, dijo Tamayo, quien además aseguro, que las zonas rurales se encuentran aisladas y no hay circulación en las carreteras.

Olivas dijo que la suspensión de las libertades individuales “nos deja en una completa y rotundamente indefensos”, y dijo que la situación era peor porque organizamos del Estado, como el Comisionado de Derechos Humanos, Ramón Custodio, estaba a favor del régimen golpista. Asimismo, la fiscalía de derechos humanos tampoco se ha pronunciado.

“Conforme pasa el tiempo para el regreso es peor y más difícil va a ser por el desgaste del pueblo al que se le va intimidando sicológicamente y por la desinformación”, concluyó Olivas.