Kathleen Sebelius (centro), secretaria de Salud, da a conocer en Washington, D.C., los esfuerzos que se tienen planeados para hacer frente a un posible resurgimiento de la epidemia de gripe AH1N1. [Foto: Antonieta Cádiz/La Opinión]
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WASHINGTON, D.C.— En un intento por prevenir y contener un posible brote de influenza H1N1, la Casa Blanca organizó ayer una cumbre especial con representantes de los departamentos de salud de cada estado en el campus central de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH).

Aunque por ahora el descanso y las vacaciones están en la lista de prioridades de las familias estadounidenses, el retorno a los colegios y el comienzo de la estación otoñal —que usualmente se caracteriza por tener más casos de influenza— está dentro de las preocupaciones del gobierno.

No es para menos, pues hasta el 2 de julio se habían registrado 33,902 casos de influenza H1N1 a nivel nacional, además de 170 muertes asociadas con esta nueva cepa del virus.

De hecho, el mismo presidente Barack Obama hizo un contacto telefónico desde Italia asegurando a los cerca de 500 asistentes a la cumbre que, aunque el país fue afortunado al no tener una situación más seria durante la primavera pasada, "el potencial para un brote en otoño es una amenaza concreta".

El mandatario recalcó que éste es el motivo por el que su gobierno está tomando una serie de medidas para aminorar el impacto de la enfermedad. "Podemos estar impidiendo una crisis. Esa es nuestra esperanza. En conversaciones con otros líderes mundiales, lo que tenemos claro es que nosotros estamos muy avanzados en nuestra planificación. Quizás tengamos que proveer de orientación a personal de salud en otros países", agregó Obama.

Aunque la posible vacuna está siendo probada en ensayos clínicos en diversos centros del país —donde se espera determinar su efectividad, repercusiones y dosis indicadas—, la secretaria de Salud, Kathleen Sebelius, dijo que es probable que de iniciarse un programa de vacunación, éste se realizaría a mediados de octubre.