La crisis económica se ensañó con fuerza con los inmigrantes de Estados Unidos: el nivel de desempleo para hispanos nacidos en el extranjero alcanzó el 8% en 2008. (FOTO: AP) AP
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Nueva York/AP — Hace 10 años las cosas eran más fáciles para José García.

A este mexicano de 48 años, que llegó a Estados Unidos en 1996 desde el estado de Guerrero, no le costaba cambiar de un empleo a otro y lograba ahorrar algo.

“A cualquier rato me vuelvo”, dijo una tarde de diciembre mientras cortaba rosas en la entrada de un supermercado del alto Manhattan. “En México está mejor porque tenemos casa y lo que cultivamos lo vendemos. Aquí hay muchos gastos y estoy separado de mi esposa y tres hijos”.

García fue uno de los millones de hispanos que, a los albores del siglo XXI, vio movilizaciones sin precedentes en defensa de los derechos de los inmigrantes. Presenció cómo los hispanos llegaron al Congreso y a la Corte Suprema, se convirtieron en la minoría más grande de Estados Unidos y alteraron el panorama laboral del país.

García, sin embargo, al igual que muchos otros, siente ahora que estos logros han quedado en polvo.

El 2009 termina sin haberse logrado una reforma integral a las leyes de inmigración y bajo el aún fuerte martillazo de la crisis financiera global, que ha reducido el envío de remesas a Latinoamérica y sacudido el sector de la construcción estadounidense, una importante fuente de empleo para los hispanos.

“Sentimos que estamos perdiendo fuerza en nuestra comunidad”, señaló Angelo Falcón, presidente del Instituto Nacional para la Política Latina. “Que aunque hemos progresado, deberíamos haber logrado mucho más”.

Se habla mucho del poder de voto hispano, del creciente mercado hispano y del aumento en el número de hispanos que han accedido al sector político en la última década, ¿pero se ha traducido todo esto en verdadero poder para la comunidad hispana considerando su tamaño?