Dennis de León no creía en eso de ser un “protagonista” -- una figura carismática a la que la gente endosa su poder para resolver los problemas como por arte de magia. En su lugar, él se suscribía a la tarea mucho más ardua de organización y creación de movimientos. Marca de un verdadero líder.
Con la muerte de de León ayer, los latinos perdimos a uno de nuestros más valientes representantes, alguien que estaba dispuesto a hacer sentir incómoda a la en aras de lograr justicia.
Un mexicano originario de California, de León acumuló un historial impresionante. Su carrera incluyó trabajar como abogado de base, un nombramiento como presidente adjunto de condado en la Ciudad de Nueva York, y trabajar en la Junta de Revisión de Querellas Civiles. Como jefe de la Comisión de Derechos Humanos de Nueva York, enfrentó algunos de los episodios más incendiarios de tensión racial en la historia de la ciudad.
Pero cuando de León reveló su estado de HIV al comienzo de la década de 1990 – enfrentando la discriminación, el miedo y el estigma social -- rompió el silencio acerca de una epidemia que sabía que estaba acabando con latinos. Una comunidad marginada, con acceso limitado a la atención de la salud que necesitaba, sufría enormemente la epidemia del VIH.
Su revelación fue un acto de valentía, uno de los muchos por los que de León se dio a conocer. El, bien pudo haberse retirado del servicio público. Pudo haberse dedicado a sus actividades personales que se tornaban tanto más urgente a medida que el tiempo pasaba. Todo el mundo lo hubiera entendido.
En cambio, bajo una dosis diaria de un cóctel de medicamentos y de sus dolorosos efectos secundarios, de León se dedicó a abogar por el bien de la comunidad. Se convirtió en la voz líder no sólo en la educación de los latinos y otras personas sobre el VIH y SIDA, sino en exigir equidad en recursos para su prevención y tratamiento.
La visibilidad de de León, su consistencia y su compromiso con el bienestar y apoyo en torno al VIH / SIDA era una cuestión de justicia. Se opuso a los recortes presupuestarios que afectan a los pobres. Fundó la Comisión Latina sobre el SIDA como un vehículo para abogar por ellos.
Cuando los avances médicos comenzaron a permitir que las personas con VIH pudieran vivir más saludables, por ende más tiempo, buscó que se le ofreciera esta promesa a muchos más. Pero la intensidad de la cabeza visible, en el activismo en torno al VIH / SIDA se desvaneció. De León siguió recordándoles a todos que la epidemia no ha desaparecido y que nuestra comunidad no puede bajar la guardia. En sus escritos periódicos publicados en este rotativo, se concentró particularmente en promulgar una educación sexual segura para los jóvenes.
De León luchó por cambios fundamentales en todos los niveles del gobierno. Una de las recientes campañas de la Comisión, exige que el gobierno federal incluya a los puertorriqueños y a los latinos que vivan en territorios de los EE.UU. en el reporte de la incidencia de SIDA entre los hispanos de los EE.UU.
La pérdida de tan ardiente defensor de los latinos pudo haber dejado un vacío en nuestra comunidad. Pero de León tuvo la visión para educar a sus sucesores, un ejemplo al que otras organizaciones latinas deben prestar atención.
Gracias al trabajo de la Comisión Latina sobre el SIDA como a su contribución perdurable, de León fue un verdadero león para nuestra comunidad. Cuando se vio con la sombría perspectiva de su futuro, respondió pensando en la salud y el futuro de nuestra comunidad. La mejor manera de honrar su memoria es seguir adelante con la obra a la que tan desinteresadamente se dedicó.