Kingsville, Texas — Entre las paradas que han tenido que realizar los corredores que llevan la Antorcha Guadalupana desde México hasta Nueva York se encuentra el cementerio para inmigrantes del condado Kenedy en Texas.
Por primera vez, los corredores visitaron a finales de octubre, tras cruzar la frontera, el cementerio privado dónde están sepultados los restos de inmigrantes que perecieron cruzando el territorio texano.
“Cada año enterramos 10 cuerpos”, dijo un representante de la Funeraria Salinas Ramírez de Kingsville, Texas que ayudó en una misa anual que se hizo el 2 de noviembre, Día de Todos los Muertos, para bendecir las tumbas.
El número exacto de cuerpos enterrados en el rancho de 235 mil acres, a 60 millas de la frontera Brownsville- Matamoros y a pocas millas del segundo punto fronterizo, es un misterio, pero según el padre Peter Koziel el número podría alcanzar los 100.
En el 2008 se registraron 390 fallecimientos en los 3,000 kilómetros de frontera, y en lo que va del 2009, ya se han contabilizado 309, según el informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos del gobierno mexicano.
“Unos (inmigrantes) mueren porque les pican las víboras de cascabel y otros por sed”, aseguró Nina Joiner, trabajadora del Ministerio Juvenil de la Parroquia St. Gertrude de Kingsville,Texas , quien participó en la misa.
El cementerio ubicado dentro de la propiedad privada de El Rancho Kenedy, en Sarita, Texas, sólo abre sus puertas una vez al año, el Día de los Todos los Muertos, para bendecir las 38 tumbas que hoy tienen una cruz para ponerles flores.
La ceremonia se realiza desde hace nueve años después de que el padre Peter Koziel lo visitara por primera vez, y desde entonces su cuidado está en manos de jóvenes voluntarios del Ministerio Católico de la Universidad de Texas A&M de Kingsville, dirigido por el padre Koziel.






