Todo empezó a desmejorar a finales de 2006, cuando el negocio de la construcción residencial se vino abajo con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Los avances que habían obtenidos los hispanos en el mundo laboral se deterioraron rápidamente hasta quedar borrados por la recesión.
La tasa de desempleo de esa población, por ejemplo, descendió a 3.4% ese año, comparada con 4.5% en el caso de los trabajadores nacidos en el país.Para el primer trimestre de este año todo había cambiado. La desocupación entre los inmigrantes se ubicó en 9.2% (actualmente es de 14.6%) y su participación en el mercado laboral se fue diluyendo. En contraste, aunque el desempleo también afecto a los trabajadores nativos, la erosión que sufrieron fue varios puntos menor.
Estas son las conclusiones alcanzadas por las economistas Pira Orrenius y Madeline Zavodny. El primero pertenece al Banco de la Reserva Federal de Dallas y el segundo imparte clases en la Universidad de Economía Agnes Scott. Su reporte se denomina Atados al ciclo económico: los inmigrantes y los altibajos económicos.
Después de analizar los ciclos de la economía estadounidense de los últimos 15 años así como dos recesiones, llegaron a la conclusión de que los trabajadores extranjeros son más vulnerables a los vaivenes de la economía que el contingente nacido aquí.
Avanzan cuando la economía crece, y son los más golpeados cuando esta se desploma.La actual recesión, dijo Orenius al presentar sus hallazgos, ofrece fuertes pruebas fehacientes de esto.
El estudio, dado a conocer por el Instituto de Políticas de Migración (MPI), ofrece varias posibles explicaciones sobre los dispares efectos que provocan los inevitables ciclos de la economía capitalista.
Uno de ellos es que los trabajadores extranjeros tienen una presencia desproporcionada en los grupos que han experimentado las mayores pérdidas. Además, tienden a participar en actividades económicas que están más sujetas a sufrir vaivenes de tipo cíclico y en sectores como la construcción y la manufactura, que invariablemente caen durante los períodos de contracción económica.
"Comenzamos a ver el deterioro antes de que comenzara la desaparición de empleos en la construcción y en otras áreas donde trabajan muchos inmigrantes", comentó Clarissa Martínez, directora de cuestiones de inmigración y campañas nacionales del Concejo Nacional de La Raza (NCLR).
Por otro lado, dijo, uno de los indicadores de que la economía anda quebrantada es precisamente que el número de inmigrantes empieza a decaer. No hay trabajos que los atraigan.
Una de las cosas que no ha cambiado, según los autores del reporte, es la brecha en el ingreso entre los trabajadores inmigrantes y los nacidos aquí. Desde mediados de los 90, los primeros devengan aproximadamente 20% menos que su contraparte.
Los desenlaces económicos, de acuerdo al estudio de MPI, tienden a variar por región de origen. Los inmigrantes procedentes de América Latina y Asia registraron tasas de empleo 10% más altas que las alcanzadas por los trabajadores venidos de Europa Occidental y Canadá.
Demetrios Papademetriou, presidente de MPI, concluyó que los resultados del estudio ofrecen argumentos a favor de crear un sistema de inmigración más flexible.
El reporte también hace notar que la pobreza es mayor entre los inmigrantes que entre los nacidos aquí. Por ejemplo, en 2008 uno de cada cinco hogares de inmigrantes se encontraba en la indigencia, frente una de cada nueve de la población no inmigrante. Esto, dicen los autores plantea a los legisladores la cuestión de si no debe ofrecerse ayuda a las familias inmigrantes en tiempo de contracción económica, pues los trabajadores sin papeles no tienen derecho a ese tipo de beneficios.