Pomuch/EFE — Los muertos de la comunidad maya de Pomuch, en el sudeste mexicano, regresan cada año al mundo de los vivos gracias a una tradición extraña y de origen confuso por la que sus seres queridos los desentierran, limpian y miman con distintas ofrendas para mostrarles su amor y veneración.
En una insospechada vuelta de tuerca a la ya de por sí peculiar relación de los mexicanos con el más allá, esta población de 8.000 habitantes ubicada en el estado de Campeche esperaba esta semana con ilusión la llegada de la festividad del Día de Muertos, que en México se celebra los días 1 y 2 de noviembre.
"Si no lo hacemos es como olvidarnos de los nuestros, como que no existen", afirmó a Efe Manuel Canché, un anciano de 70 años, que defiende el ritual como una muestra de amor sincero hacia sus familiares fallecidos.
Canché recuerda cómo desde niño su padre lo llevaba al cementerio para desempolvar y sacar brillo con brochas y paños a los cráneos, fémures y clavículas de sus abuelos.
Una vez aseados, los huesos son depositados en osarios o cajas de madera que ellos mismos elaboran y cuyo contenido exponen con orgullo en los distintos recovecos del cementerio de esta comunidad tropical, ubicada a 45 kilómetros al noreste de Campeche capital.Para exhumar los cadáveres, los pobladores de Pomuch, además de guardar luto, deben esperar a que pasen tres años del fallecimiento de sus parientes. Cumplida esa condición los orean a cielo abierto -en ocasiones después de desollarlos- y los guardan en las urnas.
Las labores de aseo, que se realizan a diario del día 26 al 31 de octubre, comienzan con el lavado de las criptas y las cajas que contienen las osamentas, seguido del recambio del mantel que envuelve los restos, cuando estos ya han sido desenterrados en años anteriores. La tela suele llevar bordado el nombre del difunto.








