MÉXICO, D.F.- La autopsia de María Luisa Agustín, de 24 años, reveló lesiones por mordidas; fracturas en brazos y piernas y heridas en el cuerpo y la cabeza, pero su esposo y asesino, Heriberto Vásquez, libró la cárcel un año después cuando un juez concluyó que el agresor actuó para defender su "honor" ante una infidelidad.
Vásquez, dijo primero que encontró a su mujer platicando con otro hombre en las afueras de su casa; luego, dijo que "la había encontrado en la cama" de su vivienda de San Francisco Lachigoló, una comunidad del sureño estado de Oaxaca .
Este argumento lo sostuvo hasta el final del juicio, asesorado por un abogado que recurrió a las leyes de la entidad para bajar la pena a tres años si demostraba que había actuado en estado de "emoción violenta" por el desliz de su mujer.
Lo cierto es que Heriberto, de 32 años, acostumbraba golpear a María Luisa hasta que en abril de 2004, puso fin a la vida de su compañera lanzándola contra un tubo de hierro en medio de una embestida de puñetazos y patadas que los niños de cuatro y cinco años presenciaron.
Al recuperar la libertad después de doce meses – también se benefició de un programa de liberación de presos indígenas- peleó la custodia de sus hijos y cuando le fue negada, acosó a la ex suegra hasta que ésta huyó del pueblo con los niños.
Hoy nadie sabe dónde se encuentra la familia de María Luisa, pero sí la de su asesino: es un funcionario del ayuntamiento de su comunidad pues la ley no es retroactiva y aunque su caso sirvió para que el congreso local derogara el homicidio por "cuestión de honor", a él no le afectó.
"Inventó testigos, corrompió a los peritos y al juez, que al final de cuentas, se solidarizaron en una actitud abiertamente machista", señala Ana María Hernández, directora de Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad Oaxaca, que litigó el caso.
Actualmente, todavía en 14 de los 32 estados del país las mujeres padecen situaciones semejantes ante la vigencia en los códigos penales de los "homicidios por infidelidad conyugal", que reducen la penalidad hasta casi el 100% en algunos casos.
"Será sancionado con tres días o tres años máximo al que, sorprendiendo a su cónyuge, concubina o amante en el acto carnal -próximo o posterior a su consumación- mate a cualquiera de los culpables, o a ambos", reza el artículo 275 del código penal de Campeche, que junto con Tamaulipas, Michoacán y Durango, encabezan la lista que reducen a sólo 72 horas de prisión si se trata de honor mancillado.
Las otras entidades son Baja California (3 a 8 años), Baja California Sur (4 a 10 años), Chiapas (2 a 8 años), Chihuahua (2 a 5 años), Jalisco (8 a 12 años), Nayarit (3 a 6 años), Quintana Roo (2 a 8 años), San Luis (4 a 10 años), Yucatán (2 a 5 años) y Zacatecas (3 a 6 años).
Durante 2009, en cada una estas entidades al menos un varón ha recurrido a tal argumento para justificar el asesinato de sus mujeres.
El pasado 12 de octubre, Juan Can Puc, un yucateco de 32 años de edad, mató a su esposa con un cuchillo de cocina. Al ser descubierto de manera infraganti por la suegra, el hombre alegó que "estaba cegado por celos" ante una supuesta "cornisa" de su joven mujer, reportó la procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE).
En junio, agentes de la Policía Investigadora de Jalisco detuvieron a Miguel Ángel Vargas, quien se declaró culpable de disparar una pistola contra su novia y dejarla moribunda debajo de un puente carretero.
Tres meses antes, Óscar Díaz, viajó desde Sonora hasta el municipio de Panuco de Coronado, Durango, para quitarle la vida a su ex pareja que supuestamente lo dejó por tener un amante.
"La mayoría de los hombres no ha aprendido a tratar a las mujeres con las ventajas que ellas tienen ahora: con mayor capacidad económica y la libertad de decidir si tener o no hijos, dos situaciones que antes las ataban a los hombres", dice Gloria Cariaga, analista de género de la Universidad Nacional Autónoma de México.
El Observatorio Nacional del Feminicidio, ha documentado más de 10 mil muertes de mujeres por motivos de género desde el año 2000; de los cuales, alrededor del 20% fueron perpetrados por maridos, novios, amantes, concubinos y ex parejas.
Yuriria Rodríguez, abogada de esta organización señala que los códigos que toleran el asesinato por honor son un síntoma de "la huella profunda" de privilegios de los hombres: en la ley se habla, por ejemplo, de concubina y no de concubino.
"El argumento infidelidad es utilizado en todo México, aún donde no se contempla la disminución de la pena y se recurre a éste porque sí influye en la decisión de los jueces, que generalmente son hombres", afirma.
Bernardo López, dueño de una compañía de autobuses en el municipio de Nicolás Romero, conurbano de la Ciudad de México, recurrió a esta argucia para sostener un montaje de suicidio luego de que junto con su hermano mató a Nadia frente a sus hijos cuando éstos cuando tenían dos, cuatro y seis años de edad.
Primero intentaron ahogarla en una cisterna, pero finalmente la ahorcaron con una agujeta de zapato, la amarraron a una viga del baño de la casa familiar y sobornaron a los agentes del ministerio público para avalar el simulacro. "Estaba deprimida por su amante", pregonaba.
Desesperada, Antonieta Márquez, madre de Nadia, escribió una carta a Marta Sahagún, esposa del entonces presidente Vicente Fox, para pedir justicia. Ésta se solidarizó y puso al tanto del caso al procurador de Justicia del Estado de México, quien a su vez llamó la atención a los jueces locales.
Tras cinco años de litigio, con la presión de la prensa, organizaciones feministas y el apoyo político, el pasado 12 de octubre se logró la sentencia de 42 años de prisión (no tres días) del hermano del ex marido de la chica. Bernardo logró escapar y es prófugo de la justicia.
"No es posible que sólo hagan caso porque lo dice la mujer del presidente, que sólo por grandes influencias se haga justicia en México", dice Antonieta, quien se dice insatisfecha por los estragos secundarios de la muerte de su hija: sus nietos aún toman terapia psicológica una vez por semana.
Todavía, Carlos, el mayor de ellos, que hoy tiene 11 años, pierde el control de las esfínteres mientras José, de 9 años, se echa a correr en la azotea de la humilde vivienda en Villa Nicolás Romero, para gritar como un loco: "Nadia, dónde estás?