Últimos toques a un altar con todos los toques del estilo oaxaqueño, instalado en la Guelaguetza.
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Hoy por la noche empezarán a llegar los muertos guiados por ese penetrante olor de la flor de cempasúchil y atraídos más que nada por esos sabrosos tamales de mole oaxaqueño y el delicioso mezcal que han puesto en el altar.

Es la tradición mexicana del Día de los Muertos que de este lado de la frontera se mantiene viva y que como cada año se levantan altares para honrar a los fieles difuntos que tendrán su permiso de dos días para estar con sus seres queridos.

Uno de esos altares fue instalado ayer en el restaurante oaxaqueño La Guelaguetza, donde Miriam López y Raúl Cortés lo diseñaron con todos los elementos que lo hacen tradicional de Oaxaca.

"Los elementos tradicionales del estilo oaxaqueño es que el altar tiene que ser en tres niveles que representan a la tierra, el limbo y el cielo", explicó Miriam López, quien desde que llegó a Estados Unidos, hace 16 años, ha preservado esta tradición familiar diseñando altares de muertos.

"También es muy tradicional de Oaxaca que tenga las frutas de la temporada, como la guayaba, la mandarina y el níspero, aunque aquí no es temporada, y la comida tradicional, como el mole, la tlayuda, totopos, y el pan de yema", comentó.

Los diferentes altares de muerto que se realizan en cada una de las regiones de México tienen su punto de diferenciación en la comida que se les pone, comida que es la que a los seres queridos que ya partieron al más allá les gustaba y por la que regresan durante la madrugada del 2 de noviembre.

Y cómo no van a regresar ante la tentación de unos sabrosos tamales oaxaqueños, del dulce de tejocote y calabaza, de las tlayudas y los totopos, de unos chapulines con delicioso mezcal, y del pan de yema sopeado en chocolate caliente.