Hay 12.6 millones de extranjeros residentes permanentes que viven en Estados Unidos y 8.2 millones de ellos son elegibles para hacerse ciudadanos; sin embargo, aún no han dado ese paso, de acuerdo con un análisis del Departamento de Seguridad Interna (DHS), que incluye a la Oficina de Inmigración y Ciudadanía, la agencia encargada de trámites migratorios.
Según los récords administrativos de DHS, entre 1980 y 2007, 22.9 millones de extranjeros se hicieron residentes permanentes, mientras que para finales de esa época (al término del año 2007), unos 8.1 millones se habían naturalizado; 4.4 millones aún no eran elegibles, en tanto que 8.2 podían, pero no habían obtenido su ciudadanía.
Es decir, más del 35% de los residentes permanentes podrían hacerse ciudadanos
Aproximadamente 1.1 millones eran jóvenes que recibieron la ciudadanía por la nacionalización de sus padres antes de cumplir los 18 años, un proceso fácil pero no obligatorio. Los menores cuyos padres obtienen la ciudadanía pueden, llenando el formulario N-600, pedir un certificado de ciudadanía para sí mismos.
La inmensa mayoría de los residentes (76%) logró su estatus permanente después de 1990 y hasta hoy, aunque lo sorprendente es que aún hay casi 2 millones de residentes que lo son desde antes de 1980 y continúan siéndolo, sin buscar naturalizarse.
México sigue siendo el indiscutible líder en nacionalidad de los inmigrantes: 27% de los residentes permanentes provienen de ese país, unas 3.4 millones de personas.Le sigue Filipinas (y de lejos, con 600 mil personas); la India, con medio millón; China con otro medio millón y la República Dominicana con 400 mil.
Los residentes permanentes provienen principalmente de 10 países, incluyendo también a Cuba, El Salvador, Canadá, Vietnam y el Reino Unido.
De todo el país, California encabeza la lista con más residentes permanentes: 3.4 millones de personas. Lo sigue de lejos Nueva York con 1.5 millones; Texas con 1.3 millones y Florida con 1.2 millones. Estos cuatro estados contenían casi el 60% de los extranjeros con residencia permanente en 2008.
La ciudadanía confiere una serie de beneficios que la residencia legal no incluye, pero ambos permiten vivir legalmente en este país. Los ciudadanos pueden votar y protegerse más efectivamente en caso de un proceso criminal —un residente permanente se expone a la fácil deportación si resulta acusado de un delito grave—, así como salir del país por tiempo indefinido sin consecuencias. Un residente permanente que salga de EEUU por más de seis meses puede perder su residencia.
En años recientes ha habido muchas campañas de grupos cívicos para promover la ciudadanía entre los inmigrantes e instarlos a integrarse, y las elecciones del pasado, así como las movilizaciones de 2006 y las propuestas de leyes antiinmigrantes impulsaron un aumento en las solicitudes de ciudadanía.
Tal y como han demostrado varios estudios, la ciudadanía sigue siendo una decisión difícil para algunos inmigrantes que aún piensan que eventualmente regresarán a su país de origen o que perderán derechos en su lugar de nacimiento si dan ese paso.
Otros no lo consideran necesario para vivir en este país.
En los años 90, cuando se aprobaron leyes distinguiendo entre los derechos de residentes y ciudadanos, también hubo un repunte de las naturalizaciones.