Hay un solo sheriff Joe Arpaio, el controvertido jefe policial que tiene la mira puesta en los indocumentados, sean o no delincuentes y cuyas declaraciones escandalosas atraen la constante cobertura de los medios de comunicación. Pero cada vez hay más de otro tipo de jefes policiales que están hablando y haciendo lo contrario que Arpaio: pidiendo al Congreso que apruebe una reforma migratoria y adoptando políticas humanitarias hacia los indocumentados.
"Nosotros en Sacramento no participamos en programas como 287g ni nunca lo haremos. No hacemos redadas de indocumentados. Lo que tenemos que hacer es aceptar que estas personas son parte de nuestra comunidad y darles nombres y caras. No se puede resolver este problema deportando a todo el mundo", dijo el jefe de policía de Sacramento Rick Braziel a finales de la semana pasada en una teleconferencia con varios otros jefes policiales.
Tradicionalmente, algunos jefes de policía, incluyendo el de Los Ángeles, William Bratton, han apoyado medidas como la reforma migratoria y se han opuesto a realizar tareas que pertenecen al gobierno federal, como revisar documentos migratorios de las personas. Pero ahora se trata de un esfuerzo organizado: la frustración de muchos de estos jefes a lo largo y ancho del país se está dejando sentir.
Ahora se están organizando: más de 50 jefes y sheriffs de prominentes ciudades y pequeños pueblos, así como organizaciones de policías negros y latinos forman parte de la Iniciativa de Participación de Agencias de la Ley (Law Enforcement Engagement Initiative) que coordina Art Venegas, el ex jefe de policía de Sacramento y antes de Fresno.
Cuando era jefe, Venegas había tomado posturas controversiales contra proposiciones estatales como la 187 y la 209, que lidiaron con inmigración y acción afirmativa.
"Queremos que Washington y el Congreso sepan que los jefes de policía quieren participar en este proceso", dijo Venegas, quien dijo que no es fácil para muchos de estos profesionales hablar públicamente a favor de los inmigrantes indocumentados. "Hay quienes no lo hacen porque se arriesgan a ser duramente atacados, aunque otros lo toman como parte de nuestro trabajo policial, porque esto tiene que ver con la seguridad pública".
Un ejemplo reciente del nivel de frustración es Bill McCarthy, sheriff del condado Polk, en Iowa, quien habla muy francamente sobre cómo la redada de Postville, Iowa, realizada en mayo del año pasado en una planta empacadora de carne en ese pueblito de su estado agricultor, le hizo tomar conciencia de lo absurdo de la política migratoria del país.
"Las acciones de las autoridades de inmigración han sido esquizofrénicas y eso es porque el Congreso no nos ha dado una dirección como país", dijo McCarthy, quien se refirió a la redada de Postville, Iowa, ocurrida el año pasado como algo que "me cambió los sentimientos respecto a este tema".
"Cientos de agentes cayeron sobre este pueblito, se llevaron a 400 personas, muchas de las cuales nadie sabía donde encontrarlas. A las iglesias llegaban niños que se quedaron solos sin tener qué comer, separamos familias, aterrorizamos niños y hoy en día, esa pequeña ciudad está en virtual bancarrota", dijo McCarthy con emoción en la voz. "Yo quiero preguntar ¿qué diablos se logró con todo eso? ¿Qué se logró?",
Venegas dice que hay una percepción errónea respecto a las agencias de la ley, principalmente porque se le ha dado mucha publicidad a las que participan de programas como 287g (que permite al gobierno federal contratar a agencias locales para tareas migratorias) y por la publicidad en torno a Arpaio, el controvertido sheriff del condado Maricopa, Arizona, que ha hecho de su departamento una virtual agencia migratoria.
"En el país hay más de 18,200 departamentos de policía local y estatal… y sólo entre 70 y 75 han firmado un contrato 287g. La mayoría de las agencias no lo están haciendo", dijo.
Otros jefes que han salido recientemente a favor de una reforma migratoria y se han unido a la iniciativa incluyen el jefe de Atlanta Richard Pennington, el jefe de policía de Miami John Timoney, el de Austin, Texas, Art Acevedo, el de Topeka, Kansas, Ron Miller y el de North Charleston, Jon Zumalt.
Hace poco, en una declaración pública, el jefe de policía de New Orleans, Warren Riley, anunció que su departamento no pediría documentos de inmigración a las víctimas o testigos de crímenes o a personas que no sean sospechosos de algún delito. Riley atribuye a los trabajadores inmigrantes gran parte del crédito por haber contribuido a la reconstrucción de New Orleans. "De ninguna manera nos enfocaremos en la deportación", dijo en una rueda de prensa hace poco, acompañado del alcalde Ray Nagin.
Nagin acompañó a su jefe de policía diciendo "queremos decirle a la comunidad que son bienvenidos en este país y que van a recibir un trato justo de la policía, igual que cualquier otro ciudadano".
Vanegas dijo que la iniciativa quiere seguir sumando las voces de más y más jefes de policía que están convencidos de que EEUU no puede ser un país seguro mientras no se logre la regularización de millones de indocumentados y reformas migratorias reales.
"La mejor seguridad nacional sale de vecindarios seguros. La relación entre las comunidades y la policía local es lo más importante, porque mucho del trabajo de identificar a terroristas domésticos viene de esa relación y la información que genera. No podemos asegurar nuestro país contra el terrorismo ni contra nada mientras tenemos a 12 millones de personas asustadas de hablar con la policía", afirma.