Son ancianos mexicanos abandonados al cruzar la frontera en parques públicos, supermercados y hospitales sin que nadie reclame por ellos. Muchos suplican "regresar a casa".
En lo que va del año, al menos dos casos por mes se han presentado en la franja fronteriza de Calexico con Mexicali, indicó Brenda Pebley, titular del programa de protección de adultos en el condado del Valle Imperial.
"Asumimos que los familiares los traen hasta aquí y los dejan abandonados porque piensan que podremos cuidar mejor de ellos o que tendrán mejores condiciones de vida que en México" considera Pebley.
La crisis económica y la desesperación financiera de las familias podrían ser parte de los factores por los que este fenómeno ha comenzado a presentarse, dijo la experta.
Los ancianos hallados tras haber sido cruzados de este lado de la frontera carecen de documentación que los identifique, desconocen el idioma y, en la mayoría de los casos, presentan síntomas de demencia senil o desvarío.
"Sabemos que son migrantes, pero es imposible buscar una repatriación por que no existen documentos que demuestren que son mexicanos o forma de localizar a sus familiares" afirmó Pebley.
El Valle Imperial, uno de los condados más azotados por la crisis económica donde la tasa de desempleo supera el 23%, carece de centros de albergues para sexagenarios o programas de transportación para que las personas mayores obtengan atención médica, por lo que en la mayoría de los casos los ancianos son destinados a casas de asistencia para desamparados.
"Somos uno de los condados con menos recursos para la protección de los ancianos. Nuestros fondos son muy limitados y estos casos agobian más el presupuesto", dijo Pebley.
Los incidentes de abandono y abuso de personas mayores suman en promedio 63 casos por mes, de los cuales 52 terminan bajo investigación judicial, cifra tres veces mayor que la de hace dos años, según datos estadísticos del Departamento de Servicios Sociales del Valle Imperial.
Otras regiones fronterizas como San Diego, también cuentan con una alta población de ancianos inmigrantes que se ven orillados a vivir en la calle, a expensas de ataques y abuso.
Anastasio Irigoyen, de 71 años de edad, y otros dos ancianos fueron brutalmente golpeados en la cabeza y acuchillados sin merced por un grupo de bandoleros.
Las heridas que sufrió Irigoyen le provocaron la pérdida del habla y daño cerebral profundo. Al momento de la golpiza vivía entre los matorrales de la región conocida como el Canyon McGonigle, norte de San Diego,
Alrededor de 100 mil personas de edad avanzada emigran cada año a EEUU cada año, indican cifras del Servicio de Inmigración y Ciudadanía (CIS).
Cientos de ellos terminan en casas de asistencia, abandonados por sus familiares, según expertos.
"Existe la creencia cultural de que los hispanos cuidan más de sus mayores, pero vemos es una cuestión errónea; porque es entre los hispanos que se da la tasa más alta de abusos no reportados a las autoridades" afirmó Claudia Nava, investigadora de la división criminal contra el abuso de ancianos.
Un análisis de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) apunta que hasta el 2007 existían en este país más de 620,000 ancianos provenientes de México, la tasa más alta entre los grupos étnicos.
Al investigar los casos de maltrato senil en la comunidad hispana, Nava ha detectado que muchos sexagenarios no reportan los casos porque asumen el abuso, especialmente de orden económico, como algo normal.
Además, la carencia de documentos legales es otro de los obstáculos por los cuales los ancianos no recurren a las autoridades en caso de ser víctimas de abuso.
"Desconocen sus derechos, tienen temor de acercarse a las autoridades porque creen que se les removerá su estatus legal o porque son indocumentados, cuando nada de eso es verdad. La oficina de protección a ancianos no guarda ninguna relación con agencias migratorias", recalcó Michael Gargiulo, agente de la Procuraduría del Condado de LA.
En los últimos dos años las investigaciones por abuso a ancianos se han triplicado en este condado, explicó Gargiulo.
Un ejemplo es Julio López, de 78 años y residente de Pomona, quien expresó a La Opinión que su familia lo trajo de México con engaños sólo para abandonarlo al poco tiempo.
"M’hija me dijo que aquí estaría mejor, que me iba a emigrar para que estuviéramos todos juntos, pero puras mentiras ellos trabajan todo el tiempo y al final terminaron dejándome aquí y lo poquito que me ayuda el gobierno se lo quedan", apuntó López.
Aunque con un sentimiento de aislamiento Julio afirma tener una vida tranquila, situación que difiere mucho del desconcierto y el terror por el que pasan los ancianos abandonados en la frontera.
"Cuando la policía nos llama porque han encontrado a otro anciano inmigrante abandonado sus caras son de terror. Algunos llevan días en la calle viviendo como desamparados y no recuerdan ni su nombre, pero suplican que quieren ir a casa. En ocasiones el consulado nos asiste y logramos encontrar a sus familiares, pero en la mayoría de los casos saber quiénes son es imposible", puntualizó Pebley.