Camiones llenos de soldados armados son vistos constantemente durante el recorrido de La Antorcha por Chilpancingo-Atlixtac Tlapa. Foto: CA/EDLP
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México/Enviada Especial — Ana Farías Ramírez nació en Atlixtac hace 20 años, en el estado de Guerrero, México, pero desde los siete no ve a su mamá quien emigró a los Estados Unidos cuando ella tenía siete.

“Ella me dice que cuando yo termine de estudiar, ella puede regresar”, dijo Ana con su bandolín en la mano después de tocar en las mañanitas, la madrugada cuando la Antorcha Guadalupana salía de su pueblo, el pasado 10 de octubre.

Ana, sus cuatro hermanos y cinco primos más, viven con su abuela, Crispina González, de 64 años, desde que sus hijas emigraron a los Estados Unidos para poder pagarles el estudio.

Guerrero ocupa el primer lugar en inmigración interna y el quinto lugar en migración internacional, con 73,000 emigrantes cada año a los Estados Unidos donde habitan 950 mil Guerrerenses, según la Organización S!Paz, programa de Observación Internacional.

El 73.9% de su población es indígena y campesina, por eso su migración es de jornaleros agrícolas en temporadas de sequía, 40 mil al año, según SEDESOL (Secretaria de Desarrollo Social de la República de México), y los que emigran a Estados Unidos a largo plazo, como la madre de Ana, donde se cuentan de 50 a 60 diarios.

Para Prudencia Vargas Nava, madre de Prudencio Vargas quien emigró hace 5 años dejando atrás a su esposa y cinco hijos, la Antorcha Guadalupana significa que sus bendiciones llegarán hasta su hijo.