Paredes, capturado en Honduras y trasladado a Nueva York en mayo de 2008, fue designado Objetivo Consolidado de Organización Prioritaria (CPOT), “una lista de los traficantes más significativos del mundo”. Foto: Julie López
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Ciudad de Guatemala, Guatema-la — Un enigma. Hasta que comenzó el primer juicio del caso, eso era el informante que cooperó con la DEA para capturar a uno de los guatemaltecos mas buscados por narcotráfico, según la Fiscalía de Nueva York.

Los acusados sospechaban que se trataba de “Samuel Santiago”, según lo consigna la abogada Linda George en el documento 213 del expediente. El único de acusado que ella defiende en este caso es el guatemalteco Jorge Mario Paredes Córdova, a quien la fiscalía atribuye la voz de quien se identifica como “El Gordo” en las conversaciones sostenidas con “el Profe” (el informante).

George afirma que su cliente nunca viajó a EE.UU. Los documentos no describen ninguna visita del Profe a Guatemala ni Honduras, donde estaba Paredes. El expediente tampoco registra ningún encuentro cara a cara entre ambos como para que Paredes tuviera la certeza de quién se trataba.

Los únicos que hablaron en persona con el Profe fueron Isaías “Lico” Turcios Marroquín (cobrador de El Gordo); Carlos Fernando Gómez López, alias “Miguel” y “Julián” (emisarios de Horacio Botero, alias “León”, para recuperar droga y dinero de El Gordo). Ellos debieron saber que, cuando el informante desapareció, les había jugado la vuelta.

“Lico”, quien conoció al Profe desde 2002, tuvo un año antes de su captura para contarle del engaño a su hermano en Guatemala, Otoniel Turcios Marroquín (también acusado en el caso), y a El Gordo. “Miguel” tuvo tres años (antes de su captura en Nueva York) para descubrir quién era el Profe, el sujeto que los burló a todos.

La abogada dijo que después de ser “desactivado” de este caso en 2003, el informante ha estado recluido en el Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn, donde agentes de la DEA lo visitaron en julio de ese año. Los documentos 216 al 218 del caso registran la visita, aunque no identifican el nombre del reo visitado.