NUEVA YORK
— En plena temporada olímpica en que cada día surgen nuevos campeones del deporte, el sur de El Bronx perdió a su campeón, el boxeador Ronney “Venezuela” Vargas, de 20 años, invicto en sus únicas ocho peleas como profesional, seis por la vía del knockout, y ganador de tres Guantes de Oro y tantas medallas y trofeos que llenan las cuatro paredes de la sala de la vivienda que compartía con su padre y sus dos hermanos.“Cuando me enteré, yo me quise morir, me quería ir con él. El era mi niño grande, era bueno, sano, humilde”, dijo llorando el padre de la víctima, Germán Vargas, quien trajo a sus tres hijos desde Maracaibo, Venezuela, hace 12 años, luego de separarse de su esposa, y los crió sólo, vendiendo hot dogs y prendas en la calle.
De acuerdo con la policía, Vargas fue ultimado de un balazo en el torso luego de un altercado con dos hombres y dos mujeres en una bodega situada en la avenida Clinton, en El Bronx, cerca de las 3:30 de la madrugada del sábado.
Vargas estaba acompañado de cinco amigos, y luego de la discusión se montó en su auto, un Honda Accord, y se marchó. El otro grupo lo siguió en dos vehículos tipo sedán, uno de los cuales (un Nissan blanco) lo interceptó en la avenida Hughes, entre las calles 178 y 179. Mientras el Honda de Vargas estaba atrapado, uno de los individuos que lo seguían, salió de su auto, se acercó a la ventanilla y le disparó al boxeador en el torso.
Según Wally Ortíz, de 19 años, amigo de infancia de Vargas, uno de los testigos le contó que “Venezuela” Vargas, ya herido, dio reversa al carro tratando de escapar, rozando varios vehículos antes de detenerse, y luego salió y cayó al suelo y dijo: “Me dispararon”, y después se agarró de su amigo Albert y le pidió que no lo dejara morir. Los amigos trataron de resucitarlo, dándole los primeros auxilios, llamaron al 911 y Vargas fue trasladado al hospital St. Barnabas, donde su muerte fue certificada.
Germán Vargas dijo que su hijo salió cerca de las 12 de la noche de su residencia, en el 795 East de la calle 151, a llevar a una muchacha a su casa y a comprar algo de comer.
Agregó que su hijo fue un deportista desde muy pequeño, pasando por varias disciplinas, como el karate y el fútbol, hasta que se decidió por el boxeo.
“De niño, él me decía papi, yo voy a ser boxeador, y yo lo apoyé. Su primera pelea como profesional marcó un récord porque sólo duró 20 segundos. Ni siquiera tuvimos tiempo de grabarla. El era grande, iba a ser grande, iba a ser campeón mundial. Lo tenía todo: estatura, pegada, inteligencia, dedicación. No había quién lo parara”, dijo Vargas.
Querido y admirado en su vecindario, amigos y familiares levantaron un enorme altar en su honor en la calle 152 y la avenida Wales, donde, entre decenas de velones y ramos de flores, se aprecian numerosas fotos que paso a paso detallan la brillante carrera boxística del púgil venezolano. Vargas fue campeón de los Golden Gloves en la categoría de las 132 libras en 2005, y gracias a su gran altura, medía 6 pies y 2 pulgadas, en 2006 repitió la hazaña en la categoría de las 141 libras, y en 2007 volvió a conquistar otro Guante de Oro en la categoría de las 152 libras.
Se estaba entrenando en el gimnasio Webster Police Athletic League de Longwood, para una pelea en Las Vegas, este octubre próximo, en la cartelera en la que se van a enfrentar Jermaine Taylor y Jeff Lacy.
Vargas, el padre, le hizo un llamado a la policía para que capturen al homicida. Al cierre de esta edición, la policía no había arrestado a los sospechosos y el caso permanecía bajo investigación.
El cuerpo sin vida de Ronney Vargas será velado hoy en la funeraria Ortiz de la calle 149, en El Bronx.
Jose.acosta@eldiariony.com





