Ante la escalada del precio por libra de la carne de res, que ha superado al galón de gasolina —4.79 dólares frente a 4.03 dólares—, la señora Guadalupe Cruz, residente de Whittier, dice que está a punto de convertirse en vegetariana, más por necesidad que por gusto.
"Todo está subiendo", lamentó mientras guardaba en la cajuela de su auto los productos que adquirió en una cadena comercial.
Entre los artículos que ayer compró sólo se encontraba un paquete de carne molida de menos de tres libras, por el cual pagó 9.36 dólares. "Hago la mitad para mis dos hijos y guardo la otra en el refrigerador", mencionó.
A unas cuadras, en la carnicería Pastor, en Pico Rivera, un mostrador lleno de cortes, pero solitario, es el mejor reflejo de los cambios que miles de consumidores han hecho en su régimen alimenticio.
"En lugar de venir a comprar 10 libras de carne de res tipo ranchera a 4.79 dólares [por libra], compran 10 libras de espinazo [de cerdo] a 1.35 dólares", señaló Rogelio García, gerente del negocio desde hace 21 años.
Ahí, los precios casi se duplicaron en los últimos meses. La libra de carne ranchera, muy popular en reuniones familiares, pasó de 3.19 a 4.79 dólares. En un recorrido de La Opinión por distintas tiendas se observó que el precio de este alimento llegaba hasta 5.28 dólares.
Por otro lado, las patas de cerdo, que a mediados de 2007 se vendían a tan sólo 69 centavos, ahora cuestan 1.39 dólares.
Mientras, el precio del pollo se elevó de 1.99 a 2.59 dólares por libra. No obstante, este ha sido el producto que más se están llevando los hispanos a casa.
De hecho, la semana anterior cerró con 5,500 libras de piezas de pollo vendidas en este negocio; es decir, 500 libras más que en semanas anteriores.
"Es porque sube el volumen. En vez de comprar carne me compran pollo, por económico", explicó García.
Pero este no ha sido el único cambio que ha observado. "La clientela bajó casi en el 50%. Antes se vendían entre 80 mil y 85 mil dólares al mes, ahora estamos vendiendo de 40 mil a 55 mil dólares".
Y añoró épocas anteriores: "Vendíamos como 100 mil dólares mensuales, antes ni cabía la gente, y ahora mira", dice mientras señala un negocio vacío.
Por la misma situación, recalcó, el número de empleados se redujo de 18 a nueve: entre cocineros, carniceros y una cajera.
Para Alfred Tachiquín, de origen mexicano, la diferencia entre una libra de carne de res, pollo o cerdo es la cantidad de porciones que su familia sirve en la mesa.
"Todo está más caro, mucho más de lo usual. Ahora sólo compro carnes en fiestas", mencionó.
Aprovechando el clima de este domingo, la familia Tapia, originaria de Puebla, México, se fue de día de campo al parque Whittier Narrows, pero llevó menos comida que en otras ocasiones.
"Antes gastábamos de 20 a 25 dólares para traer carne para asar, costillas de puerco, tortilla y sodas. Ahora se fueron casi 60 dólares", comentó Marina, mientras mecía a su pequeña hija en una hamaca.
Otras familias que se refugiaban del intenso sol bajo la sombra de los árboles llegaban con sándwiches, pizzas o fruta a un lugar donde el olor de la carne en el asador era cotidiano durante los fines de semana.
Desde el 30 de septiembre, cada paquete de carne portará el nombre del país que la produce, derivado de la llamada Ley de Granjas, lo que mantiene en suspenso a los distribuidores del alimento.
Temen que la reacción del público ante dicho requerimiento (basados en el origen de la carne) y un mayor costo potencial por la norma de etiquetado resulten en un menor consumo y una carga adicional a la industria.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) indica que el costo administrativo del arranque de este sistema de documentación será de alrededor de 126 millones de dólares, más 499 millones por gastos de mantenimiento y operación en los siguientes años, informó La Opinión recientemente.
Otro factor que ha mermado las ventas de la carnicería Pastor, una empresa que se surte con seis mil libras de carne cada semana, ha sido el cobro por el flete de las compañías de productoras.
"Antes los camiones que hacían la entrega no me cobraban nada, ahora pago el 1% de las libras que compro", es decir, 300 dólares extras por un viaje con tres mil libras de carne, comentó.
A esto se suma la competencia con las grandes cadenas comerciales. "Nosotros éramos los reyes de Pico Rivera, pero empezaron a llegar otras carnicerías, otras tiendas; entonces la gente se riega".
A largo plazo, anticipó García, la tendencia del mercado es que se "irá desplomando poco a poco".
Doña María Rodríguez acudió a este negocio a comprar distintos cortes y dejó una recomendación al encargado: "Necesitan bajar [el precio de] la carne para que comamos más".








