Cali/corresponsal edlp
— Ana Julia Torres tiene 800 hijos, reunidos en una gran familia en donde la mayoría tiene una historia de maltrato, y todos un final feliz en Villa Lorena, nombre de su hogar de 25 mil metros cuadrados al nor oriente de la ciudad de Cali.“Aquí es la energía positiva y las cosas lindas, se ve el amor” dice esta mujer mientras se acerca a Luis, un mico abandonado después de perder una de sus manos.
De 49 años y educadora de profesión, es el alma del único refugio de fauna silvestre del país iniciado hace 13 años, cuando se dio cuenta que sus alumnos tenían como mascota animales que deberían estar en su hábitat natural.
Entonces empezó cuidando una guacamaya, un loro y un búho en un pequeño terreno que compró y tuvo que ir ampliando porque se convirtió en referente de cuidado y protección a los animales, incluso para la misma policía que le lleva fauna decomisada.
Aunque tiene las características propias de un zoológico Ana Julia aclara que no lo es, porque no está abierto al público y sólo se permite el ingreso de estudiantes para realizar jornadas de concientización en torno al cuidado de la naturaleza.
“Esto es un hospital, es un refugio, ellos han sufrido mucho para que llegue gente y los molesten, o se burlen de ellos”, explica, y lo dicen especialmente porque muchos de los animales tienen defectos físicos.
Búhos que no pueden volar, micos golpeados, tigres sin dientes, un mico hembra con un disparo incrustado en su cuerpo, la tigrilla a quien le cortaron las patas delanteras por rasguñar a un menor, un león incautado a narcotraficantes que lo llevaban a fiestas para drogarlo y una llama abusada sexualmente por un hombre, hace parte de las historias del lugar.
“Lo mas triste es ver la degradación del ser humano y como llegan por culpa del hombre, y lo mejor es ver ese animal recuperado y feliz”, comenta Ana Julia, y agrega que no siempre el maltrato significa sangre. “Tener a un animal en un sitio reducido y en malas condiciones es otro tipo de agresión”.
La mujer, quien combinada su labor de ayuda a los animales con la docencia, asegura que no recibe ayuda estatal ni privada y tan solo un par de supermercados le colaboran donando la comida que no es apta para la venta. “La vida de mi familia esta volcada en esta obra, mi esposo, mi hija y yo trabajamos para esto”, asegura.
La presencia de Ana Julia no pasa desapercibida en Villa Lorena y varios animales forman algarabía cuando llega. La escena más conmovedora es la de Júpiter, un León de ocho años rescatado de un circo a corta edad, que la abraza cariñosamente.
“Ellos reconocen a quien les ha salvado la vida”, afirma.
Ana Julia se siente orgullosa. “Yo soy nacida y criada en el campo, todos tenemos una misión y la mía es esta, Dios me ha dado este privilegio”, puntualiza.








