El trabajo principal de Maximina Torres no es vender hot dogs en las calles de Los Ángeles, sino preparar pretzels para las cafeterías de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), pero su salario de poco más de 11 dólares la hora en ese centro de estudios no le basta para mantener a su familia.
"Empecé como vendedora ambulante el mismo año que entré a trabajar para la Universidad de California [UC]; en esos días ganaba cinco dólares la hora", explicó.
Torres es madre soltera. Se hace cargo de una hija de 20 años que estudia en un colegio comunitario y la bebé de ésta, pero, además, ayuda a sostener a su padre en su natal Guerrero.
Mirna Martínez, otra trabajadora de UCLA, dijo que la mayoría de sus compañeros en el área de servicios tiene por necesidad dos trabajos. En el caso de su familia es al marido al que le toca ese rol: de siete de la mañana a tres de la tarde se desempeña como bodeguero, y de 6 a 11 de la noche como acomodando autos en un estacionamiento. De lo contrario, no llegan a fin de mes.
"El pan subió 15%, la leche 25%, los huevos 15%" dice esta trabajadora. Ella y sus compañeros, afiliados a la Federación de Empleados Estatales, Condales y Municipales (AFSCME), se encuentran en plena campaña para pedir aumentos a su empleador, el sistema UC, compuesto por 10 universidades, cinco centros médicos y una planilla de 9,500 millones y 124 mil empleados de tiempo completo.
Un análisis preparado por el Centro de Investigaciones Comunitarias y Laborales (CLCR), un grupo pro laboral con sede en Chicago asegura que con los bajos salarios que paga a sus empleados, UC contribuye a la reproducción de la miseria en los vecindarios de bajos ingresos del estado donde aquellos residen.
Según el CLCR, la paga en otros centros universitarios es 25% superior a la de UC y sus cálculos indican que si ésta se pusiera a la par de otras instituciones en cuanto a salarios, ello se traduciría en una derrama económica de 147 millones de dólares para el estado.
El sindicato y la universidad se encuentran negociando un nuevo contrato por separado con los sectores de servicios y hospitales desde finales de 2007, pero no pudieron llegar a ningún acuerdo antes de que el más reciente expirara a principios de este año.
UC replica que el sindicato rechazó sendas propuestas de aumento salarial por aproximadamente 16 millones de dólares para su personal de hospitales y 2.8 millones de dólares —incluyendo una extensión del contrato anterior por cinco meses—, para el área de servicios. La oferta contemplaba aumentos que oscilaban del 3.5% al 15% dependiendo de la clasificación y ubicación (en San Francisco la paga es significativamente mayor que en el sur de California) del empleado.
"Esta propuesta no sólo permitía a las partes continuar negociando; al mismo tiempo proveía incrementos de salario significativos a un número de empleados por los próximos meses", reza una declaración de UC.
Carole Savickas, portavoz de la institución, explicó que en el sistema de planilla de UC está diseñado de tal manera que los salarios de los empleados de hospitales provienen mayoritariamente de los ingresos netos de la universidad; en cambio, los de los empleados de servicios dependen de los fondos que UC recibe del estado, que arrastra una crisis fiscal desde varios años.
El AFSCME alega que en realidad sólo el 8% de los pagos de planilla de los trabajadores de hospital y servicios están determinados por las contribuciones del estado a la universidad. El resto, afirma, proviene de las ganancias de los cinco centros médicos de UC.
Para José Lara, que devenga 10.35 dólares la hora después de trabajar más de ocho años para la universidad, lo que cuenta es el resultado.
"UCLA es una de las universidades más renombradas del mundo, que recibe millonadas de dinero de parte de donantes y grandes compañías, y nos tiene viviendo con salarios de hambre", dijo.








