MÉXICO, D.F.— Un comando armado integrado por mexicanos y centroamericanos secuestraron ayer en Tierra Blanca, Veracruz, en el sureste del país, a 20 indocumentados salvadoreños, hondureños y guatemaltecos que viajaban como polizones en el tren de carga y que se habían detenido a descansar en el lugar.
"Apenas nos habíamos bajado cuando se acercó una camioneta color plomo. De ahí se bajaron tres personas y dos más se quedaron dentro, esperando", narró en entrevista vía telefónica Eusebio López, un guatemalteco de 35 años, quien logró escapar a la persecución.
"Parecíamos ganado corriendo en todas direcciones, mientras los hombres acorralaban a los que podían, apuntando con armas", añade. "Yo salté una cerca de alambre, me desgarré el brazo, pero me dio tiempo de meterme a una empresa particular para esconderme".
Humberto Montúfar, un hondureño de 30 años, también logró escabullirse. Era su segunda carrera por escapar de secuestradores.
Unos kilómetros atrás, en Tenosique, Tabasco, lo golpearon con la culata de una pistola y estaban a punto de llevárselo cuando un grupo de vecinos de la localidad se unió para defenderlo.
Otros 20 no tuvieron mejor suerte. En su huida, Eusebio alcanzó a ver cómo los tiraban al piso y los pateaban. Algunos sangraban. Finalmente los subieron al vehículo y se los llevaron sin rumbo.
Hechos semejantes son recurrentes en la zona. Miguel Ángel Ochoa, diácono de la Diócesis de la Movilidad Humana, encargado del albergue para emigrantes en Tierra Blanca, dice que tan sólo en este año han registrado 200 casos de desapariciones.
Ayer atendió a Eusebio y Montúfar de las heridas y denunció ante el Ministerio Público el rapto de los otros.
"Llegan aquí mal heridos y asustados después de que los tienen retenidos durante unos días, hasta una semana, mientras extorsionan a sus familias en Estados Unidos", asegura Ochoa. "Todo mundo sabe quiénes son".
La delegación regional del Instituto Nacional de Migración (INM) en el estado de Veracruz dijo ayer que "está en la mejor disposición" de apoyar administrativamente al extranjero que es secuestrado, para que una vez que sus plagiarios lo pongan en libertad sea atendido por el Ministerio Público, la autoridad encargada de investigar.
El problema es que los indocumentados no quieren denunciar porque una vez frente a las autoridades, estas tienen la obligación de deportarlos.
Este plagio es el primero que se registra después de que el Congreso permutara las penas de hasta 10 años de prisión por una multa de alrededor de 500 dólares para los extranjeros que se internen en territorio nacional.
Legisladores argumentaron que los emigrantes que cruzan México cada año (alrededor de 250 mil) son maltratados sobre todo por las duras leyes que pesaban en su contra.
No obstante, tanto la Iglesia Católica como defensores de derechos humanos de la región han documentado que se trata, en realidad, de un negocio entre autoridades locales, pandilleros de la Mara Salvatrucha y Los Zetas (sicarios del cartel del Golfo) que cobran entre 500 y cinco mil dólares por la liberación.
"El secuestro de migrantes es un negocio en el que participan desde choferes de taxi hasta comandantes de policía, quienes aprovechan la impunidad que existe", concluyó Jorge Bustamante, relator Especial de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas Migrantes, en su última visita a México, en marzo pasado.
Extorsionar a los familiares de migrantes en Estados Unidos o en sus países de origen se ha vuelto común, principalmente en las ciudades fronterizas de Tapachula y Arriaga, Chiapas, en el sur; y Tijuana y Nuevo Laredo, en el norte.
Religiosos católicos también han denunciado secuestros en los estados de Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí, Tamaulipas y Oaxaca.
En esta última entidad, Alejandro Solalinde, sacerdote en Ixtepec, incluso ha sido golpeado y amenazado de muerte por intentar liberar de su cautiverio a un grupo de migrantes que habían sido encerrados por secuaces de funcionarios del Ayuntamiento municipal.
En Veracruz las localidades donde se cometen los raptos son Coatzacoalcos, Orizaba, Córdova, Acayucan y Tierra Blanca.






