Como muchas otras agrupaciones de jóvenes de la capital mexicana, los denominados ‘emos’ se reúnen en la glorieta del metro Insurgentes.[Foto: EFE]
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MÉXICO, D.F.— El bar El sillón, ubicado en la céntrica Zona Rosa, está lejos de ser peculiar por contar sólo con un sofá para los más de 60 clientes que se reúnen a diario: ahí se llora ¡sin reservas! Los gimoteos se mezclan con cervezas, música estridente y carcajadas.

Es un antro para "emos", una tribu urbana de adolescentes que exacerba sentimientos de tristeza y soledad y de la que poco se sabía en México, hasta que algunos de sus miembros fueron agredidos en diversas ciudades por jóvenes punks, darks y metaleros que los califican de "homosexuales e imitadores".

Los emos capitalinos se refugian en El Sillón como si fuera un diván para el psicoanálisis, en el que se tiran sobre todo para compartir sinsabores, pero también el gusto por la vida que demuestran con risas a mandíbula batiente.

"Somos solidarios y cuando alguien está deprimido y viene aquí, lo dejamos que sufra. Llorar es la manifestación de un sentimiento como cualquier otro, ¿a poco nos da pena reír porque estamos felices?", dice Yoshua Maceda, asidua al lugar.

"Nosotros chillamos en todos lados", agrega la muchacha de 17 años. Apura su cerveza y se empuja hacia un lado el largo mechón de cabello negro que le cubre la mitad del rostro, un estilo característico de los emos.

Todos los días El Sillón se abarrota hasta el bochorno. Falta aire porque no hay ventanas: está iluminado con lamparitas amarillas y rojas que dan un aspecto diabólico a los rostros de bocas y ojos maquillados con crayones negros, rojos y morados.

Siluetas envueltas en ceñidos pantalones y camisetas negras, rosas y moradas se apretujan en el suelo. Llevan accesorios como boinas tipo Che Guevara en tono rosa pastel, guantes de algodón, mochilitas con terciopelo a la espalda…

Estas coloridas libertades en la ropa han sido el motivo de la ira de punks y darketos. Ortodoxos del negro en el atuendo, consideran que los emos han robado parte de su imagen y la han denigrado.

"Jotos", les gritaban durante una marcha por la tolerancia que se realizó el pasado 30 de marzo en la Ciudad de México, cuando alrededor de 150 emos marcharon contra la intolerancia.

El repudio hacia los emos salió a la luz pública días antes, el 8 de marzo: unos 200 jóvenes de la capital del estado de Querétaro —convocados a través de la web "haz patria, mata a un emo"— golpearon a muchachos que se reunían en el centro de la ciudad.

Por esas fechas, en uno de los más populares centros comerciales de Ciudad Juárez, varios emos también fueron atacados con palos.

En Celaya, Guanajuato, el alcalde pidió a estas bandas retirarse del Centro Histórico para no dar mal ejemplo. En Oaxaca, legisladores instaron a la formación de comités municipales "antiemos".

"Con estas acciones se están violentando sus derechos de igualdad, de no discriminación, libertad de expresión, de asociación y de reunión garantizados por la Constitución", documentó la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) que tomó en sus manos la averiguación de los hechos.

Las intimidaciones callejeras se incrementaron. "Ahora se volvió una moda insultar a los emos", observa Édgar Zamudio, de 17 años, estudiante de preparatoria.

Antes de llegar a El Sillón, su profesor de Ciencias lo llamó "marica" y "degenerado" frente a sus compañeros de clase.

"Se enojó porque no quise pasar al frente a hacer algo en el pizarrón.Me dijo que si era ‘tan sensible’ como decían todos los greñudos emos… por cierto, antes de que se hiciera el escándalo en Querétaro el profe no tenía idea de lo que yo era… me dijo que improvisara una poesía o que llorara. Todos se rieron y burlaron", cuenta Édgar.

Jorge Ramírez, amigo de Édgar, revela que dos metaleros y un dark lo sometieron afuera de una estación del metro y, a punta de empellones, lo llevaron a un callejón solitario para cortarle el mechón que le caía sobre la cara, "Ahora sí vas a poder ver bien lo que quieres", le dijeron.

A Tania Arce, del departamento de sociología de la Universidad del Valle de México, no le resultan extrañas estas actitudes de odio ni la reciente seducción que despierta el movimiento emo, que cada día suma fanáticos a sus filas.

"Vivimos en una sociedad depresiva y a eso se añade que los adolescentes suelen ponerse tristes… es natural que se sientan cómodos en un grupo como los emos, aun con lo que esto implique".

En el bar El Sillón ya no cabe nadie. Y los que no alcanzan un lugar se dispersan por las calles de la Zona Rosa. Ya hay muchos emos en la ciudad, pero todavía no se sabe cuántos.