El dolor que produce la pequeña aguja que puntea y rompe su piel es grande. Sin embargo, el rostro de Sergio Delgado intenta disimular el dolor de ver cómo la tinta y la sangre se funden en su piel para formar un colorido tatuaje.
Es el quinto que se pone. Esta vez, una expresiva víbora de cascabel que recorre desde su pecho hasta su espalda será otra "expresión más de arte" en su cuerpo, como él asegura. El reptil acompañará al rostro de Thalía que vive en su antebrazo y a una cruz que lleva en el pecho con los nombres inscritos de dos seres queridos ya fallecidos.
Por ser un joven salvadoreño de 27 años, sabe que el único lugar donde podrá lucir su nuevo tatuaje sin despertar suspicacias es Estados Unidos. En su tierra natal la historia es otra.
En este país, según una encuesta de Harris Poll Interactive, una reconocida compañía de investigación de mercado, al menos el 16% de la población estadounidense tiene un tatuaje.
"Aquí es parte de la corriente dominante", asegura el originario de Quezaltepeque, una ciudad en la zona paracentral del país centroamericano.
"Pero en El Salvador, pensarían que soy de la [pandilla] MS [Mara Salvatrucha]", agrega sonriendo, mientras intenta no fruncir su cara por el dolor que le causa el pinchazo de la aguja.
Y es que en Latinoamérica, y en especial en países como El Salvador, Guatemala u Honduras, un tatuaje es todavía un símbolo que identifica a un "marero", a un ex presidiario o a un delincuente, según Alejandro, un ex pandillero guatemalteco que desde hace algunos años ha decidido quitarse algunas marcas en su cuerpo, que le recuerdan su pasado en estos grupos delictivos.
"Tengo muchos [tatuajes] y me los estoy borrando porque es un episodio de mi vida que tengo ya que cerrar", expresa Alejandro, quien ahora trabaja como colaborador con la organización Homies Unidos en Los Ángeles, una entidad que ayuda a los jóvenes a salir o prevenir que entren a este mundo. "Son cosas de mi vida que me marcaron muy dentro, aunque algunos no me los quiero quitar porque también son marcas de las que no me puedo olvidar, que es de donde vengo, del barrio, de una adicción de drogas, de una vida desorganizada".
OBRAS DE ARTEPara Rockabilly Ray —nombre artístico de Rafael Merlín, oriundo de la Ciudad de México—, dueño de Tinta Rebelde, un lugar de elaboración de tatuajes en pleno corazón del bulevar Hollywood, éstos son en realidad obras de arte que se comparan con el trabajo de un escultor de mármol o al de un pintor en óleo.
Y lo dice mientras con precisión de cirujano recorre la piel de Delgado con un aparato especial para incrustar la tinta dentro de la piel. Una tinta que difícilmente podrá ser borrada.
"Es un arte. Y yo soy un artista", dice sin titubeos, quien ha incrustado tinta en la piel de artistas como el rapero R Kelly o Anahí, la ganadora del programa de búsqueda de talentos Objetivo Fama, de la cadena Telefutura.
Precisamente los artistas, los medios de comunicación y el mundo de Hollywood son para Terisa Green, autora del libro La enciclopedia de tatuajes y catedrática de Arqueología en la Universidad de California en Los Ángeles, la razón por la que es tan común y aceptable en la sociedad estadounidense el lucir un tatuaje.
"Antaño era algo que sólo ocupaban los marineros, los motociclistas rebeldes o los ex prisioneros; ahora lo usan doctores, enfermeros, profesionales. Es algo que se ha convertido en una moda y eso por el rol de los medios", expresa Green a La Opinión.
Su teoría se refuerza con un reporte publicado en 2006 por el Diario de la Academia Americana de Dermatología que encontró que uno de cada cuatro estadounidenses entre las edades de 18 y 50 años, tenían al menos un tatuaje en sus cuerpos. El número es incluso más alto entre los jóvenes, indica el reporte.
En la encuesta de Harris Poll Interactive, cerca del 36% de personas entre los 25 y 29 años dijeron tener tatuajes. De toda la muestra, el 16% de los encuestados con tatuajes dijo ser anglosajón, el 14% afroamericano y los latinos representaban la mayoría con el 18%.
"Ahora es mucho más popular, más aceptable. Es más parte de la corriente dominante", añade Green sobre los resultados, y admite a la vez que ella misma es parte de ese 16% de estadounidenses tatuados.
La catedrática universitaria sostiene que la historia de los tatuajes se remonta hasta el origen de la humanidad. "Desde que existen humanos, han existido los tatuajes, incluso en algunas culturas no puedes casarte si no tienes un tatuaje, es parte de la historia de la humanidad", explica. "Creo que ahora es más algo hacia lo que la gente se siente atraída, algo que pueden controlar y que dice algo de ellos".
Para Mónica Lance, cuya madre es originaria de Guadalajara, Jalisco, y quien decidió poner "una flor más en su cuerpo", los tatuajes son realmente una declaración abierta de lo que ella es, de su personalidad.
"Estas flores son para mi madre. Ella siempre me dice ‘¿Por qué te lastimas?’ Y pues la verdad esto es parte de mí", señala Mónica, mientras el artista destiñe el rojo en un pétalo de la flor impresa en su piel. "Éste que tengo aquí es el más significativo", señala al mostrar la palabra "Sanando la soledad", escrita en medio de flores que adornan su antebrazo izquierdo. "Me lo puse cuando un amigo estaba a punto de morir, ahí me di cuenta de que la vida es corta y que la puedes perder en un segundo", añade.
Delgado, quien también lleva una cruz en su pecho con los nombres de su padre y su hermano, señala que ese tatuaje, en sí, es un homenaje a dos seres queridos que perdió en algún momento de su vida.
La doctora Green dice que el recordar a una persona, el hacer un testimonio público, o la vanidad, son las principales causas por las que la gente decide ponerse un tatuaje.
"A veces son en memoria de alguien que murió, extremadamente elaborados, se ven hasta como fotografías", subraya la catedrática. "La gente se tatúa por muchas razones, para algunos es cool, para otros es tonto, depende de quien lo vea".
RIESGOSA pesar de que ahora la mayoría de tatuajes se hacen en lugares autorizados, que cuentan con todos los permisos necesarios y las normas de higiene requeridas, existen siempre algunos riesgos, según el doctor Lawrence Osman, un especialista en dermatología y escultura del cuerpo.
"Los tatuajes pueden resultar en serias infecciones bacteriales, en hepatitis e incluso en contraer el VIH, si no se hacen con técnicas estériles", advierte Osman. "La hepatitis puede conducir a una falla del hígado o a desarrollar cáncer del hígado. Hay reportes de gente que desarrolló cáncer en la piel, incluyendo el melanoma, en áreas cercanas a un tatuaje".
Osman agrega que, en casos de donaciones de sangre, existen regulaciones como las de la Cruz Roja Americana (CRA), que indican que algunas personas no son elegibles para compartir el contenido de sus venas.
"Si el tatuaje fue hecho en algún establecimiento regulado por el estado —actualmente sólo pocos lo regulan—, el paciente debe esperar hasta un año para poder donar sangre", reza una aclaración de la CRA en su sitio de la internet.
El doctor Osman, sin embargo, aclara algo muy importante: el tatuaje es casi eterno. "Remover un tatuaje con láser es incluso más caro, se necesita más tiempo para hacerlo y más doloroso que ponerse un tatuaje, y hay algunos que incluso no pueden ser eliminados completamente", advierte.
Sin embargo, para Lance, la joven que sigue llenando su cuerpo de flores dibujadas con tinta, nada de lo que la sociedad diga realmente le interesa. "No me importa lo que diga la gente, es mi cuerpo, a mí me gusta y si a ti no, pues simplemente, no me mires".





