Dulce María con sus abuelitos, Bernardo y María Rodas. La madre, ausente. (FOTO: Aurelia Ventura /La Opinión)
1/1

Aunque se llama Dulce María, sus apenas tres años de vida acumulan el sabor amargo de no tener ni un familiar en Estados Unidos. Hija de madre soltera, se quedó sola hace un año, cuando a ésta la deportaron las autoridades de inmigración.

Los abuelos de la pequeña, de edad avanzada y con algunas enfermedades, han llegado de El Salvador para conocerla. También para preguntarse dónde está Érica Mejía, la madre. Lo último que supieron de ella es que fue deportada y que tres meses después intentó regresar a Estados Unidos. Pero ni en su tierra natal ni en este país han tenido noticias de ella.

"Se vino para acá con una señora que no conocíamos, hace 16 años", dijo Bernardo Rodas, el padre de la desaparecida, quien está perdiendo la visión de un ojo. Ni él ni su mujer saben leer ni escribir, y pueden quedarse hasta seis meses en Estados Unidos. La abuela, María Bienvenida, quiere regresarse a casa el mes que viene.

La Coalición Latinoamericana ha intercedido para quedarse temporalmente con la custodia legal de la pequeña. Los abuelos están conformes con ello, ya que ni ellos ni ningún otro familiar en El Salvador, dicen, puede hacerse cargo de Dulce María.

"Estamos pasando momentos muy difíciles y sólo espero que Dios nos dé vida para verla crecer siendo una muchachita", dijo Bernardo.

Osvaldo Cabrera, de esta coalición, indicó a este periódico que la madre nunca notificó a inmigración que tenía una hija, el día que llegaron a buscarla en su apartamento del sur centro de Los Ángeles.

"Muchos padres no dicen que tienen hijos por temor de que se los lleven también", señaló Angélica Salas, directora ejecutiva de la Coalición de Los Ángeles para los Derechos de los Inmigrantes (CHIRLA). "Especialmente cuando son deportados y no tienen un lugar donde llegar en sus países de origen".