Herminio García, propietario de una agencia de viajes en Passaic, N.J., ha visto un descenso del 20% en las remesas a México. (FOTO: AP)
NEWARK, Nueva Jersey/AP — A medida que empeora la crisis económica en Estados Unidos, el dinero que los mexicanos residentes aquí envían a sus familiares continúa declinando —alcanzando sus niveles más bajos en el verano.
Pero el gobierno mexicano ha sabido desde hace tiempo que llegaría el momento en el que la histórica migración al norte iba a amainar, y el flujo de remesas —la segunda fuente de divisas para México, después del petróleo— eventualmente se secaría.
Ellos se han estado preparando para la situación con iniciativas dirigidas a solidificar lazos con sus comunidades en el exterior, especialmente con los hijos estadounidenses de inmigrantes mexicanos, cuya afinidad con la tierra madre se debilita con cada generación.
“El impacto a largo plazo que esta inmigración va a tener no llegará a su potencial pleno en esta generación, sino en generaciones futuras”, Carlos González Gutiérrez, director ejecutivo del Instituto de Mexicanos en el Exterior. “Ese impacto va a cambiar el tejido social no solamente en México, sino también en Estados Unidos. Si usted mira las cosas con una perspectiva alargo plazo, el auge de las remesas es apenas un capítulo”, agregó.
La organización de Gutiérrez, una agencia del gobierno mexicano, fue formada en el 2003 para institucionalizar los esfuerzos de relaciones con los inmigrantes que él dice comenzaron a inicios de los ochenta, cuando comenzó a cambiar la una vez desdeñosa actitud del gobierno mexicano hacia sus ex compatriotas.
“El gobierno ha tratado de tener una política mucho más dinámica hacia esas comunidades, con el reconocimiento de que ellos pudieran no regresar”, dijo Gutiérrez en una entrevista telefónica desde Ciudad de México.
El instituto apoya programas de educación y cultura para inmigrantes mexicanos y sus familias en Estados Unidos, incluyendo clases de español, un programa que envía maestros mexicanos a distritos estadounidenses con escasez de educadores bilingües, donaciones de material en español a escuelas y bibliotecas en Estados Unidos e iniciativas de alfabetización para inmigrantes adultos.
Otros programas están dirigidos a los hijos de los inmigrantes —muchos de los cuales han estado en México— que incluyen patrocinar torneos de fútbol, intercambios juveniles y becas académicas. Gutiérrez dice que el gobierno mexicano desea enfatizar a los inmigrantes que no les considera solamente una fuente de ingresos por los aproximadamente 23.000 millones de dólares que han inyectado anualmente a la economía en los últimos años.
Dice que las remesas, aunque importantes, representan solamente 3% del producto interno bruto de México.
“Para México, la emigración es un mal negocio, incluso con las remesas”, dijo Gutiérrez. “Nosotros terminamos perdiendo mucho más de lo que ganamos, y esas pérdidas —de producción, de trabajadores, en familias separadas, de talento, de mano de obra preparada que pudiera ser útil a nuestra economía— esas pérdidas no son compensadas por el flujo de remesas que esos trabajadores envían al país”.
Pero el gobierno mexicano ha sabido desde hace tiempo que llegaría el momento en el que la histórica migración al norte iba a amainar, y el flujo de remesas —la segunda fuente de divisas para México, después del petróleo— eventualmente se secaría.
Ellos se han estado preparando para la situación con iniciativas dirigidas a solidificar lazos con sus comunidades en el exterior, especialmente con los hijos estadounidenses de inmigrantes mexicanos, cuya afinidad con la tierra madre se debilita con cada generación.
“El impacto a largo plazo que esta inmigración va a tener no llegará a su potencial pleno en esta generación, sino en generaciones futuras”, Carlos González Gutiérrez, director ejecutivo del Instituto de Mexicanos en el Exterior. “Ese impacto va a cambiar el tejido social no solamente en México, sino también en Estados Unidos. Si usted mira las cosas con una perspectiva alargo plazo, el auge de las remesas es apenas un capítulo”, agregó.
La organización de Gutiérrez, una agencia del gobierno mexicano, fue formada en el 2003 para institucionalizar los esfuerzos de relaciones con los inmigrantes que él dice comenzaron a inicios de los ochenta, cuando comenzó a cambiar la una vez desdeñosa actitud del gobierno mexicano hacia sus ex compatriotas.
“El gobierno ha tratado de tener una política mucho más dinámica hacia esas comunidades, con el reconocimiento de que ellos pudieran no regresar”, dijo Gutiérrez en una entrevista telefónica desde Ciudad de México.
El instituto apoya programas de educación y cultura para inmigrantes mexicanos y sus familias en Estados Unidos, incluyendo clases de español, un programa que envía maestros mexicanos a distritos estadounidenses con escasez de educadores bilingües, donaciones de material en español a escuelas y bibliotecas en Estados Unidos e iniciativas de alfabetización para inmigrantes adultos.