En 1984, Jesús Montoya recién había egresado como topógrafo de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). Pero no encontró un empleo remunerado. Trabajó como profesor y especialista, mas "no me alcanzaba el sueldo", dice.
Fue entonces cuando decidió probar suerte en Estados Unidos. Llegó a lavar platos, a cocinar. Ganaba poco aquí, pero excelente salario allá. Y se quedó.
Montoya es el rostro de los 590 mil mexicanos que residen en este país con título universitario o de postgrado de México, según estadísticas del Consejo Nacional de Población (Conapo) de 2007. Son el 5% del total de mexicanos en Estados Unidos.
"Cuando emigré había en México alto desempleo en todos los ámbitos profesionales", cuenta Montoya, quien ahora es asesor de financiamiento en Autofin USA.
La migración de mexicanos altamente calificados, también llamada "fuga de talentos", obedece no sólo a la falta de oportunidades laborales, sino también a la búsqueda de crecimiento profesional y personal fuera de la tierra natal, dice el Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME).
"Es grave que a los profesionales se les dificulte hallar un empleo digno con buen salario", dice Enrique Bautista, diputado del estado de Michoacán y observador del fenómeno migratorio. "Ven que hay oportunidades en otras regiones y llegan como la mayor parte de los inmigrantes a este país, por un estímulo económico".
Según el análisis Buenas prácticas en el desarrollo de redes de talentos, elaborado por el IME, la "fuga de cerebros" constituye una pérdida para los países expulsores, por tratarse de especialistas que se prepararon durante más de 15 años.
"Es un reto tratar de estimular que ese talento regrese o haga cosas a favor de México", sostuvo el cónsul mexicano en Los Ángeles, Juan Marcos Gutiérrez González.









