Análisis
El comportamiento cíclico de la bolsa no sorprende a nadie, pero caídas tan espectaculares como la que registró ayer el índice Dow Jones se consideraban impensables hace tan sólo unos meses.
Y no sólo porque el Dow mide las llamadas "blue chips" o acciones de compañías supuestamente estables y lucrativas, sino porque a diferencia de otros índices enfocados en un sector, como el tecnológico, por ejemplo, el Dow se dedica a múltiples áreas, diversificando —al menos teóricamente— el riesgo.
Sin embargo, los expertos señalan que en los últimos tiempos todo el enfoque se centró en conseguir más ganancias, lo que llevó a una peligrosa concentración del riesgo, en las compañías y sectores más lucrativos. Igualmente muchos inversionistas olvidaron la regla de oro de la diversificación que les hubiera llevado a dedicar parte de su capital a inversiones más estables y menos lucrativas como los bonos.
Por todo ello, el hecho de que ayer el Dow se situara por debajo de los nueve mil puntos por primera vez en los últimos cinco años resulta especialmente inquietante.
"Hace tiempo que las cosas no van bien, pero hoy es el primer día que me siento realmente asustado", comentaba ayer Richard Green, profesor de la Escuela Marshall de Negocios de USC y director del Centro Lusk de Bienes Raíces.
Pero aun dentro del pesimismo muchos piensan que parte de esta brusca bajada de valor es sólo fruto del pánico.
"Yo no creo que las compañías del país valgan un 35% menos", dice Green, refiriéndose a la pérdida de valor del Dow en el último año.
Pero Green matiza que una depreciación irreal puede transformarse en auténticos daños debido a su impacto en la inversión y el empleo.
Jon Fisher, profesor de negocios de la Universidad de San Francisco, discrepa en cuanto al poder de autoprofecía que pueda tener la situación actual.
"Hay que tener la calma necesaria para ver que sigue habiendo compañías sólidas en los sectores afectados", dice Fisher añadiendo que mientras que muchos bancos se hunden, algunos como Wells Fargo y Bank of America se hacen más fuertes.
"Igualmente Toyota es una gran empresa automotriz, mientras que General Motors [GM] no", comenta Fisher.
Las acciones de GM cayeron ayer más de un 30% tras el anuncio del índice Standard & Poors de una posible revisión a la baja del valor de crédito de esta compañía, dados los problemas a los que se enfrenta.
Maricela Ruiz, un ama de casa de Sylmar, comenta que ella no entiende exactamente cómo funciona Wall Street, y no tiene acciones o tan siquiera un plan de retiro sobre cuya evolución de rendimientos preocuparse.
"Pero sé lo suficiente como para comprender que esto nos afecta de lleno también a los que no invertimos", dice Ruiz recordando que su esposo perdió su empleo en una fábrica durante la crisis de principios de la década y tras varios bajones bursátiles.
En cuanto a los remedios, muchos piensan que en este caso podrían ser peores que la "enfermedad".
"El esfuerzo de muchos gobiernos de diversos países por aminorar la crisis puede hacerla peor en muchos sentidos", señala Len Rushfield, profesor de la escuela de negocios Graziadio de la Universidad Pepperdine, especializado en banca y adquisiciones.
Rushfield señala que lo peor del momento actual es el profundo pesimismo existente, combinado con una falta de dirección en el rumbo de la economía.
Fisher, por su parte, considera que el plan de rescate de 700 mil millones de dólares y la amplia intervención del gobierno estadounidense en esta crisis sólo contribuyen a agrandarla más, entre otras cosas porque agudizan la sensación de emergencia y fomentan la desconfianza en el mercado.
Joe Russo, agente hipotecario por más de 35 años, señala que otro factor de incertidumbre que pesa sobre la bolsa actualmente es la política fiscal que acabe estableciendo el próximo presidente.
Una subida de impuestos sobre las ganancias de capital, ahuyentará aún más a los inversionistas, razona Russo.
"Pero a la vez va a ser muy difícil salir de esta situación sin subir los impuestos", añade Russo, quien considera que el país esta "casi en bancarrota".
Robert Krol, profesor de economía de la Universidad Estatal de California en Northridge, cree que la economía no es tan desastrosa como muchos la pintan, pero también está convencido de que eso no es de gran ayuda para evitar que el miedo provoque una estampida en Wall Street.
Krol señala que los pilares de la economía no son tan débiles como en 2001, sin embargo cree que ahora la incertidumbre es mayor.
"El gran problema es que hasta que se estabilicen los precios de la vivienda, muchos no saben el volumen de pérdidas al que se enfrentan", dice Krol, comentando que uno de los grandes peligros es que haya una reacción desproporcionada en cuanto a regulaciones que asfixien aun más la economía.