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No son las mentiras, ni los celos, ni la mamá de él o de ella. ¡No! Lo que causa más líos en los matrimonios es el dinero. Muchas parejas administran tan mal sus entradas y salidas de dinero que a duras penas se puede decir que eso sea administrar. Lo más usual es que tengan una cuenta corriente y una cuenta de ahorros común, sin preocuparse de mucho más.

En esas parejas poco organizadas con sus finanzas, los sueldos de los dos generalmente van a parar a la cuenta corriente, y muy de cuando en cuando le dejan caer algo a la cuenta de ahorros. Entonces, según llegan las cuentas, van haciendo cheques... sin tener muy clara idea de a cuánto asciende el monto de sus gastos mensuales fijos. Por lo tanto, ¡cada fin de mes se llevan la sorpresa de ver que no les alcanza el dinero! Y como, en lugar de tener sus comprobantes de pagos debidamente archivados, los tienen amontonados en el fondo de una gaveta, cuando se les presenta alguna reclamación nunca encuentran los recibos que necesitan.

Cada vez que estas situaciones se presentan, sobrevienen las peleas. Cada cual quiere quitarse de encima sus responsabilidades y pasárselas a su pareja: "¡mira cómo gastas!", "¡tú piensas que somos ricos!", son algunas de las frases, en tono alto, que se oyen en esos días. Sin embargo, no se dan cuenta de que ambos —haya sido de quién haya sido el error que se discuta en un momento dado— son igualmente responsables por la falta de organización, por el descuido con las finanzas y por no entender que ellos forman una unidad económica. Para evitar estos problemas, sin embargo, basta con seguir unas pocas reglas generales: