Dueños de propiedades en peligro se manifestaron ayer. (FOTO: Ciro César / La Opinión)
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Griselda Reséndiz ha hecho grandes esfuerzos por salvar su casa, desde pagar a una firma de supuestos especialistas para que le ayudaran a negociar con el banco (perdió su dinero), hasta ponerse al día en sus pagos.

Al final parece que sus empeños ha sido infructuosos para obtener una modificación hipotecaria.

"Nos dijeron que estaban trabajando con mi modificación, cuando recibimos una carta por correo diciendo que en tres semanas vendían mi casa", explicó ayer frente a las oficinas de One West Bank, el sucesor de Indymac, la institución financiera que colapsó bajo el peso de las hipotecas chatarra.

Reséndiz y varias familias que se encuentran en situación parecida recurrieron ayer a la protesta para ventilar su enojo y tratar de presionar al banco a que les de la oportunidad de modificar los préstamos.

Dólares más, dólares menos, descontando las geografías y otros detalles, su caso se asemeja al de decenas de miles en California que compraron casa en la cima del boom inmobiliario, y que ahora están al borde del embargo. La suya, en Santa Ana, valuada originalmente en 405 mil dólares, no vale más de 230 mil en la actualidad. Aunque comenzó bien con sus pagos, cayó en mora al caer los ingresos que generaba limpiando casas.

Eventualmente, dijo, Reséndiz se siente engañada por el banco.

"Al ponerme al día no me dieron garantía de que me iban a ayudar".

No fue posible obtener respuesta de los portavoces de la compañía. El personal de la sucursal escogida para la protesta se negó a comentar la acción de los manifestantes, y las oficinas corporativas no respondieron a los mensajes dejados en distintos teléfonos.