Romero asegura que su café es de muy alta calidad. (FOTO: Aurelia Ventura/ La Opinión)
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No hay malos tiempos para un buen negocio y Ulysses Romero, propietario de Tierra Mía, en South Gate, está convencido de que el suyo lo es.

Desafiando la actual crisis económica, Romero abrió el pasado mes de marzo el negocio que llevaba planeando más de un año.

"He investigado mucho, y lo cierto es que no hay cafeterías de gran calidad con estilo latino", dice Romero.

A sus 30 años el empresario responde al perfil de una nueva generación de hispanos nacidos en Estados Unidos y poseedores de un alto nivel educativo.

Tras haberse graduado en la Universidad de Berkeley (ciudad en la que adquirió el hábito de visitar buenos cafés) Romero hizo su maestría en negocios en Stand- ford, de donde pasó a trabajar en el mundo financiero.

"Pero a mí me interesa más mi propio negocio que Wall Street", dice el empresario, matizando que su establecimiento se diferencia de otros negocios familiares en la alta planificación y organización con que opera.

No obstante, eso no impidió que Romero se enfrentara a los mismos retos que otros dueños de negocios principiantes.

Conseguir un préstamo de negocios para recaudar los más de 250 mil dólares que como mínimo estimó le costaría abrir su establecimiento estaba fuera de su alcance, al no tener activos con los que garantizar el pago. Pero el hecho de tener un plan bien documentado y una sólida educación en negocios le granjeó la confianza de un grupo de amigos, que aportaron el capital necesario.

"Técnicamente son capitalistas de riesgo, pero el hecho de que me conozcan personalmente hace que confíen en mi forma de operar el negocio", dice Romero, señalando que no ha tenido que ceder poder de gestión a cambio del financiamiento.

Tierra Mía celebrará su apertura formal el próximo día 12 de septiembre en una ceremonia de inauguración a la que asistirán no sólo el alcalde de South Gate sino John Chiang, contralor del estado.

Pero el bautismo de fuego han sido los cinco meses que lleva operando y en los que Romero dice haber registrado un aumento promedio de ventas semanales del 5%.

El atractivo diseño de la cafetería, que en algunos rincones recuerda el salón de un hogar, invita a quedarse, pero los precios —que pueden alcanzar los cuatro dólares por café en las variedades más elaboradas— son altos.

Sin embargo, la clientela hispana, que Romero estima es en torno al 65% del total, ha respondido bien.

"Se trata de un café de muy alta calidad, además de una experiencia muy agradable" dice Romero, comentando que su cafetería responde a la llamada "tercera ola" en la que el café se valora como un producto gourmet.

Romero explica que el café en Estados Unidos empezó vendiéndose en las gasolineras, pasando a un segundo nivel de más calidad en los años 50 y 60 con la influencia de las cafeterías italianas y europeas.

"Luego surgió esta tercera categoría de más calidad a la que mi negocio pertenece" dice Romero, convencido de que en una gran metrópolis como Los Ángeles no hay más que unos cinco establecimientos comparables.

A su favor Romero tiene estadísticas como que el 17% de la población estadounidense toma diariamente un café gourmet, según reporta la Asociación Nacional del Café (NCA), y que los jóvenes del país beben ahora 3.2 tazas diarias, en lugar de las 2.5 que tomaban en 2005.

Pero en su contra está la alta tasa de fracaso en el sector minorista y de restaurantes (un 60% para estos últimos, durante los tres primeros años de apertura) además de la difícil situación económica actual.

Un buen ejemplo es Starbucks, para la que Romero trabajó a fin de aprender sobre el negocio. Dos cafeterías de esta cadena próximas a Tierra Mía figuran en la lista de cierres anunciada por Starbucks, pero Romero no ve en ello una amenaza para su negocio.

"Gracias a la combinación de un concepto nuevo y un producto de alta calidad creo seguiremos creciendo aun con la crisis", dice Romero, cuyo objetivo es alcanzar (posiblemente antes de cumplir un año desde la inauguración) ventas de medio millón de dólares anuales (mitad del promedio de un establecimiento Starbucks).

"De momento, este mes creo que el negocio conseguirá ser autosuficiente", dice el empresario señalando que eso es un gran triunfo.