Son de maíz, esponjaditas y vienen rellenas de combinaciones deliciosas. Podrían ser gorditas mexicanas, pupusas salvadoreñas, pero no, son arepas venezolanas.
La clásica, mi preferida, lleva jamón y queso (eso sí: pidan jamón regular, porque el jamón picado no es lo mismo). La reina pepeada, está rellena de pollo deshebrado con una salsita de aguacate. Y la pabellón, de carne de res deshebrada con frijoles, queso fresco y platanitos fritos; sí, una bomba de neutrones para la dieta.
Pero lo que se sirve en Pica Pica, no es para estar a dieta. Es demasiado rico para querer mantener la línea. Bueno, pensándolo bien, uno de los platillos que más me gustan sí podría contribuir a la dieta: la ensalada bululú, hecha con lechuga, piña, jícama, pimiento rojo fresco y un aderezo agridulce como para morirse de la emoción.
Lo único que no me hace mucha gracia del menú es el hecho de que cobren por las salsitas. Pero no se asusten, nada más cuestan 50 centavos y valen la pena. Les recomiendo la pica pún, que como su nombre lo sugiere pica en serio.
El restaurante Pica Pica, está ubicado en San Francisco en el 401 de la calle Valencia, en la esquina con la calle 15, justo donde antes se encontraba Mi lindo Yucatán, y parece que esa esquina está situada dentro de la constelación del buen sazón, porque al igual que su antecesor, Pica Pica es un digno representante de la buena comida latina.
¡Ah! Antes de que se me olvide, no dejen de pedir su tarjeta para acumular millas, digo, arepas. Cada vez que pidan una les ponen un sello en su tarjeta y van acumulando puntos hasta que les regalan una.
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