Nueva York/Especial para EDLP
— Existe una avenida en Astoria, en el condado de Queens, donde se resume buena parte de la gastronomía latinoamericana y mediterránea como la de México, Francia, Grecia, Italia, España... y desde hace casi un año, de Venezuela.La cocina del país sudamericano no está muy establecida en una ciudad que se destaca precisamente por su amplia variedad gastronómica.
Tal vez esa fue una de las razones que llevaron a Riccardo Romero a abrir Arepas Café y dar a conocer uno de los platos que definen a la cocina venezolana: la arepa.
Este alimento es una especie de pan o torta hecha con harina de maíz, originaria de la cultura gastronómica de Venezuela y Colombia.
Los primeros cronistas españoles del Nuevo Mundo como Fray Pedro Simón, en su obra “Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales”, y Bernabé Cobo, en “Historia del Nuevo Mundo”, escribieron que en América los aborígenes hacían unas tortas “tan gruesas como un dedo, que se llaman arepas”.
La historia de Riccardo Romero resulta de lo más interesante. Nació en Caracas pero se crió en Carúpano, al este del país. Vivir en ese pueblo de la costa este venezolana le marcó para siempre, y le dejó un impronta muy tradicional. La gente allá es conocida com “los orientales”, y se caracteriza por ser muy entrañable y abierta.
Sin embargo, su espíritu emprendedor le llevó a viajar durante dos años por Europa y el Mediterráneo. Estuvo en Gales, Italia y España, donde pasó tres meses en las Islas Canarias, un lugar, por cierto, con mucho acento venezolano.
Riccardo regresó más tarde a su país, esta vez a Güiria, un lugar con una tradición y cultura gastronómica muy diferente del resto de la nación.
Finalmente, decidió trasladarse a Nueva York para estudiar y labrarse un futuro. Después de 17 años instalado en Nueva York, y varios lustros dedicado a la venta de trufas blancas, consiguió cumplir el sueño de su vida y convertirse en un “gourmet”.
En Manhattan ya había cuatro restaurantes venezolanos, pero a diferencia de otras gastronomías hispanoamericanas, no eran —no son— tan conocidos. Así que Riccardo pensó un día: “Soy venezolano y vendo trufas. ¿Por qué no volver a la realidad?”.
Su realidad eran sus orígenes, así que decidió abrir un local de comida tradicional venezolana, alejándose de cualquier conato de promiscuidad con la cocina autóctona —si es que se puede hablar de algo así en Nueva York—, tal y como han hecho algunas cocinas latinas, y traer el sabor más genuino de su tierra.
Una gran bandera de Venezuela desplegada en una de las paredes, da la bienvenida al cliente que, una vez dentro, por el aspecto del lugar, las mesas y la barra, se siente como en casa. Ese es, sin duda, uno de los grandes logros de Riccardo: envolver al cliente en un ambiente de cocina familiar.
El menú es una combinación de diferentes platos de la cocina venezolana con impronta caribeña, propia de la zona donde se crió Riccardo.
La arepa que lleva su nombre, la ‘Riccardo's Tuna’, es el plato más idiosincrásico de la casa con un toque muy personal: la trufa blanca. Esta fruta fue la que le abrió el cielo a Riccardo cuando llegó a la Gran Manzana y la que le ha permitido abrir este restaurante entrañable en el barrio de Queens.
Carmen Carreño es la chef que lleva la cocina y hace realidad uno de los secretos de la arepa: y es que al morderla, esta sea crujiente y no tenga mucha masa. En la carta se presenta hasta 20 diferentes tipos de arepas.
La arepa que lleva el nombre de Riccardo es la que le solía preparar su mujer cuando llegaba a casa: encontraron un atún muy rico y le añadieron pico de gallo; y luego le untaban mantequilla de trufa blanca. Resultó ser un éxito, y representa el lado gourmet de Riccardo.
El queso guayanés es también uno de los mejores momentos de esta cocina tradicional: se puede comer sólo con la arepa o acompañarlo con la ‘Reina’ para convertirse en la ‘Bomba’. Los nombres de las distintas arepas evocan momentos muy propios del espíritu venezolano con sabor caribeño.
Hay arepas para enamorados (‘Mi amor con Te quiero’, con carne de cerdo y queso), las hay también para los más exóticos (‘Rompecolchón’, con marisco, es la más afrodisíaca) y la arepa bisexual (‘La Mami o Papi’, según quien la pida, lleva cerdo, aguacate y queso).
También se puede comer la arepa típica venezolana, la de ‘Pabellón’, con carne mechada, caraotas (frijoles negros), plátano frito y queso blanco encima.
Este plato engañosamente ligero, que se puede comer a cualquier hora del día, alcanza el clímax cuando se sazona con ‘Guasacaca’, rica en ajo y cilantro, o salsa picante.
Como aperitivo, uno de los platos más recomendables y fabulosos es la ‘Cachapa’, una especia de torta hecha con maíz fresco y rellena de queso guayanés y carne mechada.
También hay espacio para ensaladas, empanadas y unas mini-arepas con nata. Y para ayudar a una mejor digestión, los jugos de ‘Papelón con limón’, de parchita o tamarindo, nunca estarán de más. Al contrario, acabarán por dar el punto de gracia a la comida.
Romero ha traído a Nueva York una de los cocinas que más escaseaban por la ciudad, en su versión más tradicional, original y auténtica. Y con un toque gourmet muy personal: la trufa blanca; un ingrediente que —en palabras del venezolano— aporta una textura sensual y atractiva a la arepa. Amén de un toque mágico a la cocina de su país.









