El otro día mi vecina me contó que cada año, cuando se aproxima el Día de la Independencia, ella se establece una meta: "Para el 4 de julio yo también me independizaré... de mi marido".
No me costó mucho entender lo que me estaba diciendo. A menudo escucho discusiones, golpes en puertas y paredes y llantos que salen de su apartamento.
Ella no trabaja, porque él nunca se lo permitió; no se depila, porque él dice que al hacerlo mostraría más brazos y piernas; casi no ve a su familia, porque él dice que para lo único que sirve es para entrometerse en la vida de la pareja; y por supuesto, mi vecina tampoco sale sola, porque su marido cree que este acto la expone a la infidelidad.
Desde que comenzaron los enfrentamientos armados en 1773, Estados Unidos tardó aproximadamente tres años en independizarse del poderío británico, el 4 de julio de 1776, cuando el Congreso declaró la independencia de las colonias.
Mi vecina ya lleva 25 años casada con este señor, en las mismas condiciones desde el principio del matrimonio. Me pregunto cuánto tiempo más tendrá que pasar para que ella pueda cumplir la meta de declarar su propia independencia.
Este 4 de julio, cuando vaya a la playa a ver los fuegos artificiales, seguramente pensaré en mi vecina y en todos aquellos que buscan su independencia de esa pareja abusiva, de ese jefe desconsiderado, de ese trauma que no permite avanzar, de esos miedos que paralizan, porque después de todo independencia es libertad y, ¿a quién no le gusta ser libre?
¡Disfruta este Día de la Independencia!









