Desde mediados de octubre, las viviendas, escuelas y comercios de Estados Unidos se engalanan con una llamativa decoración de monstruos, fantasmas, brujas y esqueletos, y así se aguarda la noche del 31 de octubre para celebrar Halloween, o la Noche de Brujas.
Esta celebración ha ido cobrando más popularidad con el tiempo, y estudios afirman que en ella los consumidores gastan millones de dólares en dulces, decoraciones y disfraces.
De acuerdo con el Heritage Dictionary, Halloween es una abreviación de "All Hallows Eve" que significa: "La víspera de todos los santos", y es así como se conocía antiguamente. Es la víspera en que la Iglesia Católica y la Iglesia Anglicana celebran a todos los santos.
Según algunos expertos, Halloween comenzó siendo una fiesta cristiana, y gradualmente, inmigrantes escoceses e irlandeses fueron introduciendo en Estados Unidos las costumbres paganas de sus ancestros, los celtas, que comenzaron a cobrar popularidad a fines del siglo XIX. En ese entonces los niños y jóvenes acostumbraban hacer travesuras, como derribar cobertizos, romper cristales, etc., y entonces los vecinos les daban golosinas para evitar tales desmanes.
Años después los pequeños se disfrazaban de personajes de espanto, y Halloween se asoció con elementos como máscaras, intercambio de dulces e historias de miedo. Hoy día es una de las celebraciones que cuenta con más seguidores, porque el miedo, según la psicoterapeuta Gladys Chang, de Palmdale, es un sentimiento muy popular, que todos conocemos, e incluso algunos sienten una especial fascinación por él.
"Desde que nacemos sentimos miedo en mayor o menor grado, y este nos ayuda a sobrevivir porque nos advierte de los peligros", dice.
Según la especialista, el miedo surge cuando nos sentimos vulnerables ante el mal y la muerte, o ante circunstancias fuera de control.









