Justo en medio del corazón de la selva de Quintana Roo, existe un lugar donde la aventura, la adrenalina y las ganas de vivir experiencias nuevas, se han materializado en forma de un bello escenario natural creado hace 65 millones de años y que hoy en día atrae a miles de personas de todo el mundo, ávidas de experiencias diferentes, es un parque llamado Xplor.
Un río subterráneo
Aquí, los visitantes pueden realizar una plácida travesía sobre las aguas de un río subterráneo, provistos únicamente de dos pequeños remos que hacen las veces de motor y que conducen a través de un lugar muy poco usual, en medio de las mismas entrañas de la tierra.
A bordo de una pequeña balsa tus propias manos te impulsan por entre el caudal de aguas mansas y tonos turquesa, hasta perderte en la boca de una cueva a la que los antiguos mayas consideraban la entrada a un mundo inmaterial.
Una vez pasado el umbral de aquella embocadura de roca, el paisaje que se revela es como sacado de una novela de ciencia ficción. Un mundo subterráneo plagado de estalactitas y estalagmitas que recuerda más un paisaje surrealista fuera de este mundo, que una escena propia de este planeta.
En medio del suave ir y venir del agua, la balsa recorre lentamente el cauce de un río milenario que por siglos se ha encargado de esculpir las caprichosas formas de roca que ahora forman parte de este lugar.
Durante el tránsito, sus ojos se emocionan ante un paisaje subterráneo que nunca imagino pudiera existir en medio del corazón de la selva. Miles y miles de puntiagudos picos hechos de roca, de anárquicas formas y tamaños, crecen en el techo y piso de aquella cueva milenaria, teniendo como inseparable compañero el río que las refleja.
La escena se repite una y otra vez a lo largo de los poco más de mil metros que tiene el recorrido, haciendo que su imaginación quede absorta ante tal belleza.
Sin embargo, no siempre es posible prolongar todo por tiempo indefinido y menos en este lugar en donde existen tantas cosas que hacer.
Tirolesas
Es hora de pasar a otra actividad y esta vez, hay que ir literalmente al cielo. Se despoja del chaleco salvavidas y dirige sus pasos a lo que aquí se conoce como Tirolesas (Zip Line).
Sube lentamente la primera plataforma de lanzamiento, la cual se eleva más de 40 metros sobre la selva y, una vez que ha llegado a la cima, deja que la vista se regocije con un espectáculo colosal.
Se trata de un inmenso e ininterrumpido manto verde que cubre todo lo que los ojos pueden observar y secuestra la imaginación al punto de hacer olvidar que, para continuar con la aventura, es necesario lanzarse muchos metros sobre las copas de los árboles únicamente sostenido por un cable.
El instructor indica que son más de 3.5 kilómetros de recorrido dividido en 11 tramos, uno de los cuales tienen más de 750 metros de largo. En el rostro se refleja el nerviosismo, las manos sudan, la respiración se acelera, la mente, aludiendo al principio de conservación, piensa que quizá es mejor no vivir la experiencia.
Sin embargo, siempre existe algo que motiva a continuar, el golpe de adrenalina, la pasión por la aventura o simplemente el hecho de poder contar algo realmente significativo de unas vacaciones.
Además de "volar" por entre las copas de los árboles, también es posible acuatizar en uno de los bellos cenotes que se encuentran en esta región.
Con la mirada fija en el horizonte, sostiene fuertemente la correa que lo une al cable y con una gran inhalación, se arma de valor para arrojarse al vacío, un segundo para meditarlo y logra dejar ir su cuerpo. A lo lejos, lo único que se escucha es un grito uniforme que deja escapar y se pierde en el viento.