Hasta en la sopa. En la radio, en la televisión, en la prensa escrita, en vallas publicitarias. Si usted está en El Salvador, adonde quiera que vaya allí se encontrará la imagen del presidente. Lo de Saca es ya enfermizo. La suya ha sido, ni más ni menos, que una permanente campaña electoral.

Habla de ajustarse el cinturón, de aplicar recortes en todos los rubros del gobierno, pero él se sirve con cuchara grande cuando se trata de ahorrar. Hagan lo que yo les digo, pero no lo que yo hago, parece ser el dilema del presidente salvadoreño.

Para un país pequeño y pobre como El Salvador, que el gobierno se ahorre 15 millones de dólares en un plan de austeridad, pero se gaste más de siete en publicidad, no parece tener precisamente mucho sentido.

Maquillaje y más maquillaje. Una manita de gato tras otra parece ser la consigna del gobierno de Saca para disimular los graves desaciertos de su administración.

Y es que en todo esto parece haber gato encerrado. Las cifras del Banco Central de El Salvador hablan de que el país alcanzó niveles de crecimiento económico récord durante el último trimestre de 2007. Pero los números se estrellan estrepitosamente con la realidad de la gente en las calles.