Sabes más que un niño de primaria. Si se lo preguntan a un adulto suena insultante. Pero le sorprendería ver cómo muchos alumnos de quinto y sexto grado saben más que muchos adultos.

Esta es la premisa de un programa de televisión con ese nombre, que ha sido duplicado en varios países y en muchos idiomas. Viéndolo es evidente que no es necesariamente que los niños son más listos que los adultos, aunque puede ocurrir, sino que los adultos olvidan las lecciones que aprendieron en la escuela primaria.

Hace un par de semanas, cuando en la escuela de mi hija hubo elecciones para el consejo estudiantil, pensé en cómo algunos de nuestros políticos podrían aprender de la manera como los estudiantes de quinto grado manejan el proceso electoral.

Mi hija aspiró a la vicepresidencia. Pasó dos semanas preparando su discurso de campaña. "Necesito a una persona chistosa para que me ayude", me dijo. Le ofrecí ayuda, pero me dijo que no soy muy chistosa. Aun así le sugerí que pensara en las necesidades de sus compañeros de escuela y que aportara soluciones en su discurso. También le comenté que debería hablar de su gran lealtad a la escuela y que hiciera algunas promesas de lo que podría hacer para mejorar la calidad de vida escolar.

"No entiendes mamá. Los niños en mi escuela votan por la persona que más los haga reír", insistió. La parte más difícil de su campaña no fue el escribir un discurso humorístico o inventar un lema para la pancarta de su campaña. Fue el hecho de que su contrincante era nada más y nada menos que su mejor amiga.

Así aprendió que no es fácil tener a un adversario con quien se tienen tantas cosas en común, alguien que comparte tus objetivos y tus ideales. Pero quizá lo más incómodo dentro de la campaña es que el cumpleaños de ambas era la misma semana y decidieron tener su fiesta juntas. La elección sería el día de cumpleaños de mi hija y la fiesta al día siguiente.

En la víspera de la elección por fin terminó su discurso. No necesitó a un humorista para ayudarla.

Lo escribió sola. Habló de cuán responsable y organizada es y de lo orgullosa que se sentiría representando a la escuela que ella ve como su segundo hogar. Y prometió tener ideas innovadoras y divertidas para los momentos de ocio.

En cada elección hay un ganador y un perdedor, y esta vez no fue la ocasión para que mi hija fuera la ganadora. Pero de ninguna manera fue perdedora.