Ya van 94 días del infame golpe de Estado en Honduras, tramado y ejecutado por los hombres más ricos e influyentes del país Carlos Roberto Facussé y Roberto Micheletti quien se convirtió en el presidente de facto.
Los golpistas pensaron con su mente de Guerra Fría, que Estados Unidos aceptaría gustosamente su proeza, como lo ha hecho siempre. Creían en la famosa consigna de Nixon: "siempre es mejor una dictadura no-comunista que una comunista".
Para adaptarse a los "tiempos nuevos" y mostrarse "humanos" decidieron no asesinar al depuesto Zelaya y simplemente expulsarlo, creyendo que así se calmaría todo y que pronto éste se convertiría en un cadáver político.
Subestimaron la capacidad insurgente de su población que desde ese mismo día no ha cesado de protestar pese al terror y la represión. Al tercer intento, Zelaya logró retornar al país clandestinamente y se refugió en la embajada de Brasil, paradójicamente no solo con la ayuda de Brasil, sino con la participación de Estados Unidos y de empresarios y militares hondureños descontentos con la política de aislamiento de Micheletti.
Se denuncia que ya asesinaron a más de 100 personas y detuvieron a más de 300.
Vicky.pelaez@eldiariony.com






