Algunos sectores de EEUU parecen estar promoviendo un peligroso ambiente de intolerancia. Y esa intolerancia está dirigida, fundamentalmente, contra el presidente Barack Obama.
Algo está fuera de lugar cuando Obama gana el Premio Nobel de la Paz y varios norteamericanos, en lugar de celebrarlo o felicitarlo, se quejan y hasta parecen resentirlo. Esto va más allá de la saludable tradición democrática de oponerse a las ideas de un mandatario y debatirlas vigorosamente.
Se vale cuestionar la decisión del comité que otorga el Premio Nobel. Sus miembros dicen que el presidente lo ganó por promover la diplomacia y el multilateralismo, por buscar el fin de las armas nucleares para el año 2030, por ponerle fecha al cierre de la prisión en la base naval de Guantánamo en Cuba y al retiro de las tropas de Irak, por dar el primer paso en el acercamiento hacia tres enemigos de EEUU: Irán, Cuba y Corea del Norte. En pocas palabras, por dialogar y no bombardear; por ser distinto al ex presidente George W. Bush.
El Partido Republicano se preguntó: ''¿Qué ha logrado el presidente Obama?'' Ocho meses en la Casa Blanca no son suficientes, dicen. Y en Europa hay quienes no entienden que el premio haya caído en el líder de un país involucrado en dos guerras. Todo eso se puede discutir y entender.
Pero es inexplicable el júbilo de varios comentaristas de radio y televisión luego que Chicago perdiera frente a Río de Janeiro la sede de las Olimpíadas del 2016. Estaban felices porque Obama no había logrado traer los Juegos Olímpicos a Estados Unidos. Prefirieron eso a concederle una victoria diplomática al presidente.
Tampoco se vale oponerse o votar en contra de una reforma al sistema de salud – o de una reforma migratoria o del medio ambiente – sólo para evitarle una victoria a Obama. Hay, por ejemplo, casi 50 millones de personas que no tienen seguro médico –un asunto que merece un debate serio, sin venganzas personales.
El hecho de que Obama sea el primer afroamericano en la Casa Blanca no significa que el racismo haya desaparecido en Estados Unidos. Más bien, el racismo ya no puede evitar que alguien como él sea presidente. Eso representa un avance. Pero el racismo sigue presente.
Se vale criticar a un presidente e incluso oponerse a él. Eso lo hacen los periodistas y políticos en una democracia. Pero hay que hacerlo con ideas y argumentos. No con odio e intolerancia. Cuando eso ocurre, nadie, absolutamente nadie, gana.
Algunos sectores de EEUU parecen estar promoviendo un peligroso ambiente de intolerancia. Y esa intolerancia está dirigida, fundamentalmente, contra el presidente Barack Obama.
Algo está fuera de lugar cuando Obama gana el Premio Nobel de la Paz y varios norteamericanos, en lugar de celebrarlo o felicitarlo, se quejan y hasta parecen resentirlo. Esto va más allá de la saludable tradición democrática de oponerse a las ideas de un mandatario y debatirlas vigorosamente.
Se vale cuestionar la decisión del comité que otorga el Premio Nobel. Sus miembros dicen que el presidente lo ganó por promover la diplomacia y el multilateralismo, por buscar el fin de las armas nucleares para el año 2030, por ponerle fecha al cierre de la prisión en la base naval de Guantánamo en Cuba y al retiro de las tropas de Irak, por dar el primer paso en el acercamiento hacia tres enemigos de EEUU: Irán, Cuba y Corea del Norte. En pocas palabras, por dialogar y no bombardear; por ser distinto al ex presidente George W. Bush.
El Partido Republicano se preguntó: ''¿Qué ha logrado el presidente Obama?'' Ocho meses en la Casa Blanca no son suficientes, dicen. Y en Europa hay quienes no entienden que el premio haya caído en el líder de un país involucrado en dos guerras. Todo eso se puede discutir y entender.
Pero es inexplicable el júbilo de varios comentaristas de radio y televisión luego que Chicago perdiera frente a Río de Janeiro la sede de las Olimpíadas del 2016. Estaban felices porque Obama no había logrado traer los Juegos Olímpicos a Estados Unidos. Prefirieron eso a concederle una victoria diplomática al presidente.
Tampoco se vale oponerse o votar en contra de una reforma al sistema de salud – o de una reforma migratoria o del medio ambiente – sólo para evitarle una victoria a Obama. Hay, por ejemplo, casi 50 millones de personas que no tienen seguro médico –un asunto que merece un debate serio, sin venganzas personales.