La gran ironía en Afganistán es que para ganar la guerra hay que salirse del país. Mientras el ejército de EE.UU. y las fuerzas de la OTAN sigan ahí, la posibilidad de una victoria se desvanece.

La invasión de Afganistán era, para Estados Unidos, la "guerra buena". Su justificación era clarísima: El gobierno talibán había apoyado y dado refugio al grupo al Qaeda para ejecutar los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 que ocasionaron la muerte a casi 3,000 personas. Había que acabar con el gobierno afgano para evitar otros ataques terroristas.

La estrategia a corto plazo funcionó. No ha habido otro ataque terrorista en territorio norteamericano. Sin embargo, eso no significa que vivamos más seguros.

Hubo ataques terribles en Londres y Madrid, capitales de países aliados de Estados Unidos en esta guerra. Y ahora hay terroristas de al Qaeda en varios países del mundo – incluyendo Pakistán, Yemen y Somalia – y los talibán han recuperado una buena parte del territorio que habían perdido en Afganistán.

Además, en los últimos tres años han aumentado radicalmente los ataques suicidas con bombas de fabricación casera. Más de 800 soldados norteamericanos han muerto en ese conflicto y todo parece indicar que las muertes continuarán.

"El panorama es muy claro", escribió recientemente el profesor de la Universidad de Chicago y experto en el tema, Robert Pope. "Mientras más tropas se envíen a Afganistán más sentirán sus pobladores que están bajo una ocupación extranjera y esto dará lugar a más ataques suicidas y otros ataques terroristas".

Los británicos hicieron la guerra a Afganistán hace un siglo y perdieron. Lo mismo ocurrió a los rusos hace 30 años. Estados Unidos y los soldados de la OTAN están siguiendo exactamente el mismo camino. Ocupar Afganistán es perderlo. La única forma de ganar es yéndose.