En su primer año de gobierno el presidente Felipe Calderón obtuvo varios éxitos en un clima político por demás adverso: logró que se aprobara la reforma hacendaria, la de pensiones al ISSTE y el paquete presupuestal para 2008. Y para sorpresa de muchos, pudo capotear las embestidas de Andrés Manuel López Obrador y sobreponerse a la hostilidad de la mitad de los electores que apoyaban al perredista.

Todo hacía pensar que al mandatario mexicano no le quedaba sino fortalecerse. Pero, contrario a lo que se esperaba, Calderón ha cumplido su segundo año de gestión seriamente debilitado por dos cuestiones fundamentales: el deterioro económico y su fracaso en el tema de la seguridad.

Las promesas de campaña de Calderón de convertirse en el "presidente del empleo" han quedado solamente en eso. Para el millón y medio de jóvenes que cada año ingresan a la fuerza laboral, son pocas las oportunidades de encontrar un trabajo digno y bien pagado. Por eso la migración hacia EE.UU., en lugar de disminuir, ha crecido de forma desmesurada. El mismo gobierno admite que el año pasado el número de mexicanos que cruzó ilegalmente la frontera hacia el norte subió de 500 mil a 585 mil.

A la falta de oportunidades de empleo en México se ha sumado la escalada de precios en los productos de primera necesidad y el escaso crecimiento económico.

Pero sin duda el mayor reclamo de la sociedad es la inseguridad. Están, por una parte, los enfrentamientos cada vez más sangrientos entre las bandas de narcotraficantes y entre éstas y las autoridades, que han dejado un saldo de más de tres mil muertos en este año. Y por otra parte está el crecimiento exponencial del hampa que asalta, secuestra y asesina a niños, mujeres y hombres sin que la autoridad se inmute y, muchas veces incluso con la complicidad de la policía.

Calderón ha reaccionado ante ambos problemas con declaraciones estruendosas, pero resultados exiguos. Muchos hablan del enorme vacío de poder que se percibe en el país.

La coyuntura ha empezado a ser aprovechada por la oposición. En los próximos días, el PRI, PRD, PT, Convergencia y Alternativa discutirán una iniciativa para elevar a rango constitucional la revocación de mandato. Aunque niegan que se trate de un intento por derrocar a Calderón, lo cierto es que este rumor circula ya profusamente en los círculos políticos.

Ha llegado el momento en que Calderón demuestre de qué madera está hecho. Es su prueba de fuego.