Sucedió durante la Gran Depresión, en la década de los 30: por lo menos un millón de personas de origen mexicano fueron deportadas ilegalmente por las autoridades de Estados Unidos, bajo el argumento de que eran una onerosa carga.
El capítulo es recordado hoy como uno de los más sórdidos en la historia de las violaciones a los derechos civiles en EE.UU.
La historia, sin embargo, vuelve a repetirse. Hoy, como en la Gran Depresión, la crisis por la que atraviesa este país se ha traducido otra vez en la intensificación de medidas antiinmigrantes como el reforzamiento del muro fronterizo y la práctica cada vez más común de redadas.
Salvo las organizaciones pro inmigrantes, nadie defiende a estas familias. Aunque los dos candidatos a la presidencia se han pronunciado en favor de una reforma migratoria que ofrezca un camino a la legalización a los 12 millones de indocumentados que hay en el país, en la práctica casi no han tocado el tema, por lo impopular que resulta.
Según el Centro Hispano Pew (PHC) por primera vez en una década la inmigración legal superó a la indocumentada. Los números sugieren que ha llegado la hora de replantear las estrategias migratorias. Habría que preguntarse si tiene sentido seguir con el reforzamiento del muro fronterizo.




